Ataque con drones en Santa Rosa deja tres muertos y agudiza la crisis en Bolívar
Imagen: El Tiempo - Política
Un ataque con drones cargados de explosivos contra instalaciones militares en Santa Rosa, sur de Bolívar, dejó al menos tres muertos y ocho heridos. Tras el hecho, el presidente Abelardo De La Espriella anunció una ofensiva contra los responsables y elevó el tono frente a los grupos armados.
El ataque con drones cargados de explosivos contra unas instalaciones militares en Santa Rosa, en el sur de Bolívar, dejó al menos tres muertos y ocho heridos, en un episodio que vuelve a mostrar hasta dónde ha escalado la capacidad de fuego de los grupos armados en Colombia. La ofensiva, calificada como terrorista, golpeó de frente a una zona históricamente marcada por la disputa territorial y la presencia de estructuras ilegales.
Según informó El Tiempo - Política, el presidente Abelardo De La Espriella condenó el atentado y anunció que habrá acciones contra los responsables, en una señal de endurecimiento frente a este tipo de ataques. El mandatario sostuvo que el Estado perseguirá a los autores materiales e intelectuales con toda la fuerza disponible, una declaración que busca dejar claro que el Gobierno no piensa tratar este hecho como un episodio aislado, sino como un desafío directo a la institucionalidad.
Lo ocurrido en Santa Rosa no es solo un golpe militar: es también un mensaje de control territorial en una región donde la violencia se adapta y muta. El uso de drones con explosivos confirma que las organizaciones armadas están incorporando métodos más sofisticados, baratos y difíciles de interceptar, lo que complica la respuesta de las fuerzas de seguridad. Para la población civil, esto significa más riesgo, más confinamientos de facto y más incertidumbre en zonas donde moverse ya implica un cálculo de supervivencia.
Este ataque abre además una pregunta incómoda sobre la capacidad del Estado para anticipar y contener estas nuevas formas de guerra irregular. Si la respuesta oficial se limita al tono duro, pero no viene acompañada de inteligencia, control territorial y protección efectiva a las comunidades, la violencia seguirá encontrando espacio. En Bolívar, como en otras regiones periféricas del país, la discusión ya no es solo quién dispara, sino quién logra imponer la ley sobre el miedo.



