Ofensiva militar deja siete muertos y cinco capturados en 24 horas
Imagen: El Tiempo - Política
En las últimas 24 horas, la ofensiva militar dejó siete presuntos narcoterroristas muertos y cinco capturados, según el balance presentado por el presidente Abelardo De La Espriella. Las operaciones también golpearon estructuras dedicadas al narcotráfico y a la minería ilegal.
El presidente Abelardo De La Espriella presentó un nuevo balance de la ofensiva militar y aseguró que, en las últimas 24 horas, siete presuntos narcoterroristas murieron durante el desarrollo de operaciones y otras cinco personas fueron capturadas. El reporte oficial también incluyó resultados contra el narcotráfico y la minería ilegal, dos economías criminales que siguen alimentando la violencia en varias regiones del país.
De acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, el Gobierno destacó que estas acciones hacen parte de una estrategia más amplia para debilitar las finanzas y la capacidad operativa de grupos armados ilegales. Aunque el balance exhibe resultados inmediatos en materia de neutralización y capturas, el dato relevante no es solo la cifra, sino el tipo de estructuras que están siendo golpeadas: redes que se sostienen con rentas ilícitas y que, en muchos territorios, funcionan como autoridad paralela frente a comunidades sin presencia estatal efectiva.
La ofensiva contra el narcotráfico y la minería ilegal tiene un peso político y social que va más allá del parte de guerra. En Colombia, ambas economías no solo financian a organizaciones armadas, sino que también deterioran el medioambiente, desplazan familias y profundizan la disputa por corredores estratégicos, especialmente en zonas rurales y periféricas. Por eso, cada operativo que afecta estos enclaves busca enviar un mensaje de control territorial, aunque la pregunta de fondo sigue siendo la misma: si el Estado no consolida su presencia después de los golpes, los grupos armados tienden a recomponerse y a ocupar de nuevo los vacíos.
El balance de estas 24 horas muestra un gobierno que quiere exhibir resultados rápidos en seguridad, pero también expone la magnitud de un conflicto que no se resuelve solo con capturas o bajas en combate. Para la población civil, lo que está en juego es más simple y más duro: quién manda en sus territorios, quién controla las rutas ilegales y si la presencia estatal llega para quedarse o solo aparece en ráfagas de operativos.


