Política

De La Espriella dice haber firmado 41 extradiciones en 19 días y endurece su línea antidrogas

Hace 2 horas

Abelardo De La Espriella aseguró que en apenas 19 días de Gobierno ha firmado 41 extradiciones y presentó el dato como prueba de una ofensiva sin concesiones contra el narcotráfico. El mensaje busca marcar distancia con cualquier señal de diálogo con estructuras criminales.

En apenas 19 días de Gobierno, el presidente Abelardo De La Espriella aseguró haber firmado 41 extradiciones, una cifra que utiliza como carta de presentación de su política de seguridad y como señal política hacia las organizaciones criminales. El mandatario quiso dejar claro que su administración no está dispuesta a ofrecer márgenes de negociación a quienes sostienen economías ilegales vinculadas al narcotráfico, al insistir en que no habrá espacio para mesas de diálogo ni para refugios institucionales para esas estructuras.

La afirmación, revelada según informó El Tiempo - Política, llega en un momento en el que el Gobierno busca instalar desde el comienzo una narrativa de autoridad y presión máxima contra las redes criminales. La firma de extradiciones, en términos prácticos, es una de las herramientas más sensibles del Estado en la cooperación judicial internacional, porque permite acelerar la entrega de presuntos delincuentes requeridos por otros países, en especial por delitos relacionados con narcotráfico, lavado de activos y crimen organizado transnacional. Que el Ejecutivo exhiba ese número en menos de tres semanas sugiere una intención clara de enviar un mensaje de choque: el Estado quiere mostrarse activo, rápido y sin titubeos.

Pero detrás de la cifra también hay lectura política. En Colombia, la extradición ha sido históricamente uno de los termómetros más visibles de la política antidrogas, sobre todo cuando Washington observa con lupa los resultados del país en la interdicción, la cooperación judicial y la captura de capos y enlaces financieros. En ese escenario, el anuncio de De La Espriella no solo apunta a su base interna, que suele premiar los discursos de mano dura, sino también a fortalecer credenciales frente a socios internacionales que exigen resultados concretos y no solo declaraciones. El problema es que la eficacia de este tipo de medidas no se mide solo por el número de firmas, sino por su impacto real sobre las redes que reemplazan rápidamente a los extraditados.

La advertencia del presidente de que “la lucha contra el narcotráfico no se detiene” encaja con una estrategia de gobierno que, por ahora, apuesta por el endurecimiento como lenguaje central. Falta ver si esa ofensiva se traducirá en desarticulación de estructuras, reducción de rentas ilegales y mayor seguridad para las regiones más golpeadas por el negocio de la coca. Porque en Colombia, más allá del golpe mediático de las extradiciones, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: si el Estado logra cerrar el paso a los jefes, ¿también puede recuperar el territorio que el narcotráfico ha convertido en su negocio permanente?

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