JEP busca tender puentes con el nuevo poder sobre el futuro del Acuerdo de Paz
Imagen: El Tiempo - Política
La Jurisdicción Especial para la Paz busca abrir un canal directo con los sectores que llegarán al poder. Alejandro Ramelli pidió una reunión formal con Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo para hablar del Acuerdo de Paz y del futuro de la justicia transicional.
La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) decidió mover ficha antes de que cambie el tablero político. Su presidente, Alejandro Ramelli, pidió una reunión formal con el mandatario electo Abelardo De La Espriella y con el vicepresidente electo José Manuel Restrepo, en un gesto que busca blindar el diálogo institucional alrededor del Acuerdo de Paz en medio de un escenario político que puede redefinir el rumbo de la justicia transicional en Colombia.
Según informó El Tiempo - Política, la invitación apunta a un encuentro de carácter institucional, no partidista, con el fin de conversar sobre el estado del Acuerdo de Paz y el papel que seguirá cumpliendo la JEP en la implementación de sus obligaciones. La sola solicitud revela que el tribunal transicional no quiere quedar al margen de las decisiones que adoptará la nueva administración, especialmente en un momento en el que suelen reaparecer las tensiones entre la necesidad de verdad, reparación y garantías de no repetición, y los sectores que cuestionan el alcance de este modelo de justicia.
El movimiento de Ramelli importa porque la JEP no opera en el vacío: depende de respaldo político, presupuesto y cooperación estatal para cumplir su mandato. En Colombia, cada transición presidencial reabre la discusión sobre qué tanto apoyo real recibirá el sistema surgido del Acuerdo de 2016, que ha sido uno de los pilares más debatidos del posconflicto. Si el nuevo gobierno decide respaldarlo, la institución gana margen para sostener sus macrocasos y avanzar en decisiones que afectan a excombatientes, militares y terceros civiles; si toma distancia, el riesgo es que se frene su capacidad de ejecución y se alimente la desconfianza de víctimas y organizaciones internacionales.
Por eso esta reunión, más allá de la cortesía protocolaria, tiene una carga política importante. Es una señal temprana de que la JEP quiere anticiparse a posibles choques y dejar claro que el debate sobre el Acuerdo de Paz no puede reducirse a consignas electorales. En últimas, lo que está en juego no es solo el futuro de una jurisdicción, sino la estabilidad de uno de los pocos mecanismos diseñados para responder a décadas de guerra con verdad judicial y responsabilidades concretas.




