Política

De La Espriella se distancia del pulso en el Senado y reivindica la autonomía del Congreso

Hace 4 horas

Abelardo De La Espriella reaccionó a la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado y marcó distancia de cualquier intento de presión política. Dijo que respeta la autonomía del Congreso y negó haber llamado a congresistas para gestionar respaldos.

La elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado abrió un nuevo capítulo en la relación entre el Gobierno entrante y el Congreso, y el presidente electo Abelardo De La Espriella decidió salir a poner límites desde ya. Su mensaje fue claro: respeta la autonomía parlamentaria, no intervino con llamadas a congresistas para mover votos y su respaldo previo a Alfredo Deluque respondió a una lectura política, no a una operación de presión.

Según informó El Tiempo - Política, el futuro mandatario explicó que su apoyo a Deluque obedecía a afinidades y a una valoración sobre su capacidad para conducir la corporación, pero descartó haber hecho gestiones directas para inclinar la balanza. Esa precisión no es menor. En un Congreso fragmentado y sensible a cualquier señal de cooptación desde el Ejecutivo, negar ese tipo de llamadas busca blindar la relación institucional desde el primer día y, al mismo tiempo, evitar que se le atribuya un intento prematuro de tutelar al Legislativo.

El episodio importa porque la presidencia del Senado no es solo un cargo de protocolo: define ritmos, agenda y correlaciones de fuerza en una etapa en la que el Gobierno necesitará mayorías para empujar sus prioridades. En Colombia, donde la gobernabilidad suele resolverse en la negociación permanente con bancadas y liderazgos regionales, cualquier señal de interferencia puede incendiar la confianza antes de que arranque la administración. De ahí que De La Espriella insista en el respeto a la autonomía: es una manera de tender puentes, pero también de evitar que la oposición convierta este episodio en una prueba de supuesta intromisión.

Lo que queda en el fondo es una advertencia política: el nuevo Gobierno no tendrá margen para improvisar en su relación con el Senado. Si quiere sacar adelante reformas y evitar choques tempranos, necesitará combinar distancia institucional con capacidad de negociación real. La elección de Henríquez y la forma en que De La Espriella reaccionó muestran que, en Colombia, el poder no solo se disputa en las urnas; también se mide en la forma en que Ejecutivo y Congreso aprenden —o no— a convivir.

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