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España toca fondo en PISA y América Latina confirma su caída educativa

Hace 6 horas
España toca fondo en PISA y América Latina confirma su caída educativa

Imagen: BBC Mundo

La última prueba PISA dejó una señal incómoda para Europa y América Latina: España cayó a su peor registro histórico, mientras la mayoría de los países de la región retrocedió en aprendizaje. El examen, aplicado a más de 760.000 estudiantes en 91 países, confirma un deterioro que ya no se puede atribuir solo a la pandemia.

España cerró la más reciente edición de las pruebas PISA con su peor resultado desde que se mide el desempeño educativo internacional, en un examen que además mostró un retroceso generalizado en buena parte de América Latina. La lectura más dura no es solo la caída de un país o de una región, sino la confirmación de una tendencia: miles de estudiantes están saliendo del sistema con menos herramientas para comprender textos, resolver problemas y competir en un mercado laboral cada vez más exigente.

La evaluación, aplicada a más de 760.000 alumnos de 15 años en 91 países y economías, sirve como una fotografía de referencia sobre el estado de la educación mundial y representa a unos 33 millones de jóvenes. De acuerdo con la información difundida por BBC Mundo, los resultados vuelven a poner bajo presión a los gobiernos que prometieron recuperar el aprendizaje tras la pandemia, pero que hasta ahora no han logrado revertir la pérdida de calidad en las aulas. En el caso español, el dato golpea especialmente porque rompe una serie histórica que ya venía mostrando estancamiento y abre dudas sobre la capacidad del sistema para corregir desigualdades persistentes.

En América Latina, el panorama es aún más preocupante. La mayoría de los países de la región sufrió retrocesos, lo que sugiere que el problema no es aislado ni responde únicamente a un mal año escolar, sino a fallas estructurales acumuladas: brechas socioeconómicas, déficits en formación docente, desigual acceso a recursos tecnológicos y sistemas educativos que todavía cargan con los efectos de cierres prolongados, clases intermitentes y recuperación insuficiente. Eso importa porque la caída en PISA no se queda en una tabla internacional; termina traduciéndose en menos oportunidades para los jóvenes, más dificultad para acceder a empleos formales y una mayor distancia entre quienes pueden compensar con apoyo privado y quienes dependen por completo de la escuela pública.

Lo que muestran estos resultados es un aviso político y social de largo alcance. España enfrenta el desafío de explicar por qué su inversión no se traduce en mejores aprendizajes, mientras que en América Latina la discusión vuelve al punto de partida: cómo evitar que una generación completa normalice el atraso educativo como si fuera inevitable. Si los gobiernos no toman decisiones de fondo —desde la primera infancia hasta la secundaria— el próximo informe no solo volverá a medir rezagos, sino el costo de haberlos aceptado demasiado tiempo.

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