Murátov: Putin puede arrasar Ucrania, pero no someterla

Imagen: BBC Mundo
Dimitri Murátov sostiene que Vladímir Putin puede devastar Ucrania, pero no imponerle una victoria política ni simbólica. A cinco años de la guerra, el Nobel ruso ve al Kremlin atrapado en una campaña sin salida clara.
A cinco años del inicio de la guerra en Ucrania, el premio Nobel de la Paz ruso Dimitri Murátov plantea una idea incómoda para el Kremlin: Vladímir Putin puede seguir destruyendo infraestructura, ciudades y vidas, pero eso no equivale a conquistar el país ni a convertir la devastación en una victoria política duradera. La lectura de Murátov, según recogió BBC Mundo, apunta a una distinción clave que en Moscú suelen intentar borrar: ganar terreno militar no es lo mismo que someter la voluntad de una nación.
El diagnóstico llega en un momento en que la guerra se ha convertido en un conflicto de desgaste, con costos humanos y económicos enormes para Ucrania, pero también para Rusia. Murátov, una de las voces críticas más reconocidas dentro del periodismo ruso, sostiene que el problema central para Putin no es solo la resistencia militar ucraniana, sino la imposibilidad de presentar ante su propia población y ante el mundo un desenlace que pueda venderse como triunfo definitivo. En otras palabras, el Kremlin puede prolongar el daño, pero no necesariamente transformar esa violencia en legitimidad.
Ese matiz importa porque coloca la discusión en un terreno que va más allá del campo de batalla. La guerra ya no se mide únicamente por avances o retrocesos en el frente, sino por la capacidad de cada bando de sostener su narrativa. Rusia necesita mostrar resultados para justificar el costo del conflicto, mientras Ucrania busca demostrar que la ocupación y los bombardeos no han quebrado su identidad política. En ese pulso, la declaración de Murátov recuerda que los regímenes autoritarios pueden imponer miedo, pero no siempre controlan el significado de sus guerras. Y esa diferencia, aunque parezca abstracta, puede terminar pesando tanto como los misiles o los tanques.
El trasfondo también ayuda a entender por qué esta guerra se ha prolongado tanto: no se trata solo de territorio, sino de poder, memoria y supervivencia nacional. Para la población civil, eso significa vivir atrapada entre la destrucción material y una incertidumbre que se alarga año tras año, con desplazamientos, pérdidas familiares y una economía golpeada. En ese escenario, la afirmación de Murátov funciona como una advertencia y como una constatación: un país puede ser devastado, pero no necesariamente doblegado. Y Putin, sugiere, quizá esté descubriendo demasiado tarde que la ocupación militar no garantiza la conquista política.



