Ilia Calderón y el llamado urgente a no abandonar al Chocó tras el terremoto
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Ilia Calderón puso al Chocó en el centro del debate al pedir que el país no abandone a sus comunidades en la emergencia tras el terremoto. Su vínculo con el departamento y su llamado a acompañarlo reabren la discusión sobre abandono estatal y desigualdad histórica.
La voz de Ilia Calderón volvió a poner sobre la mesa una verdad incómoda: el Chocó no solo enfrenta una emergencia después del terremoto, sino también una larga historia de desatención que hace más grave cualquier desastre. En la entrevista publicada por El Tiempo (Colombia), la periodista y presentadora habló desde un vínculo personal con ese departamento y pidió, en esencia, que el país no lo deje solo en el momento más difícil. Su mensaje fue claro: Colombia no puede seguir tratando al Chocó como una noticia ocasional cuando lo que allí ocurre es la expresión más cruda de una deuda histórica.
Calderón se refirió a la crisis que viven las comunidades chocoanas tras el sismo, un episodio que reactivó las alertas sobre la fragilidad de la infraestructura, la limitada capacidad de respuesta institucional y la vulnerabilidad de miles de familias que ya vivían con servicios precarios. Según informó El Tiempo (Colombia), su relato no se quedó en la compasión distante, sino que insistió en la necesidad de acompañar al departamento de manera concreta, con presencia del Estado y con una atención que no se limite a la foto inicial de la emergencia. En un territorio donde los problemas de acceso, salud, conectividad y agua potable son persistentes, un terremoto no llega a una tabla rasa: golpea sobre una base ya fracturada.
Lo que dijo Calderón importa porque ayuda a traducir una tragedia local en una pregunta nacional: ¿qué significa realmente estar con el Chocó? La respuesta no puede agotarse en ayuda humanitaria de corto plazo. El departamento ha sido durante décadas uno de los símbolos más dolorosos de la desigualdad en Colombia, con indicadores sociales que siguen entre los peores del país y con comunidades que enfrentan barreras geográficas y políticas para ejercer derechos básicos. Por eso, cada emergencia allí revela algo más que los efectos del movimiento telúrico: exhibe la distancia entre el discurso oficial y la realidad cotidiana de quienes viven donde el Estado llega tarde o llega poco. Ese es el punto de fondo de la alerta de Calderón: el Chocó no necesita que lo recuerden solo cuando tiembla, necesita que lo acompañen cuando la cámara se apaga.
En ese sentido, la entrevista deja una exigencia que va más allá de la coyuntura. Si Colombia quiere responder de manera seria a la tragedia del Chocó, tendrá que pensar en reconstrucción, prevención y presencia institucional sostenida, no en soluciones improvisadas. El terremoto puso otra vez a prueba la capacidad del país para mirar sus periferias sin condescendencia y sin olvido. Y el mensaje de Calderón, directo y sin rodeos, resume ese desafío: no se trata de “salvar” al Chocó por un día, sino de dejar de abandonarlo por décadas.




