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Bielsa, Perú y la gran pregunta: qué cambió en el fútbol para preferir técnicos como Scaloni

Hace 6 horas

Perú vuelve a mirarse en un espejo incómodo: el de lo que pudo ser si Marcelo Bielsa hubiera aceptado dirigir a la selección. La discusión, reavivada por una entrevista a Ortiz Bisso, también expone por qué el fútbol actual parece preferir técnicos menos rígidos y más cercanos al modelo Scaloni.

La pregunta no es solo qué habría pasado si Marcelo Bielsa aceptaba la oferta que, según la reconstrucción periodística de Ortiz Bisso, le hizo Pancho Lombardi al fútbol peruano. La pregunta de fondo es otra: cuánto cambió el mercado de los entrenadores y por qué hoy los jugadores parecen inclinarse por técnicos menos obsesivos, más flexibles y más parecidos a Lionel Scaloni que al viejo ideal bielsista de control total. En esa comparación, Perú aparece como un caso emblemático de una oportunidad perdida y, al mismo tiempo, como un síntoma de la evolución del juego en América Latina.

De acuerdo con lo que reseña Elcomercio.pe, la conversación gira en torno a un escenario contrafáctico que sigue pesando en la memoria del fútbol peruano: la posibilidad de que Bielsa asumiera la selección en una etapa en la que el país buscaba un golpe de timón deportivo y simbólico. Ortiz Bisso pone el foco en la personalidad del técnico argentino, su método extremo y la forma en que ese perfil habría chocado o encajado con una estructura futbolística históricamente irregular, atravesada por urgencias dirigenciales, poco margen institucional y una relación siempre tensa entre proyecto y resultado. La sola posibilidad de que Bielsa aterrizara en la Videna abre una ventana para medir el tamaño de lo que el fútbol peruano dejó pasar.

Pero el debate no se agota en el pasado. También ilumina una transformación más amplia: el futbolista de hoy, en Perú y en buena parte del continente, parece sentirse más cómodo con entrenadores capaces de ordenar sin asfixiar, exigir sin romper el vínculo y competir sin convertir cada jornada en una cruzada. Esa preferencia no significa que el rigor haya perdido valor; significa que el vestuario actual premia otras habilidades, entre ellas la gestión emocional, la lectura del grupo y la capacidad de adaptar la idea al material disponible. Por eso Scaloni se volvió referencia: no por renunciar a la táctica, sino por combinar convicción con pragmatismo, jerarquía con escucha. En contraste, Bielsa sigue representando el extremo opuesto: una ética del trabajo que fascina a muchos, pero que también demanda una obediencia absoluta y un entorno muy dispuesto a sostenerla.

En términos de impacto, la discusión dice mucho sobre el fútbol peruano y sobre el tipo de liderazgo que se valora hoy en las selecciones nacionales. Si antes la gran aspiración era encontrar al entrenador que “cambiara todo”, ahora la obsesión parece ser otra: hallar al técnico que optimice recursos, conecte con el plantel y sobreviva al calendario, a la presión y a la impaciencia de los resultados. Perú, que ha vivido demasiado tiempo entre proyectos interrumpidos y diagnósticos repetidos, sigue pagando el costo de no haber convertido ciertas posibilidades en estructura. Y por eso esta historia no es solo una curiosidad del archivo: es una lección sobre cómo las decisiones que no se toman pueden pesar tanto como las que sí.

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