Pickaxe Mountain, la montaña que Trump señala como posible refugio del programa nuclear iraní
Imagen: infobae mundo
Donald Trump volvió a poner a Irán en el centro del tablero al señalar a Pickaxe Mountain como posible escondite de un complejo nuclear subterráneo. La versión aparece en un momento de máxima tensión tras los bombardeos contra instalaciones persas y la ofensiva sobre Natanz en 2025.
La montaña Pickaxe se ha convertido en el nuevo punto de fricción en la disputa nuclear entre Estados Unidos, Israel e Irán. Según informó infobae mundo, Donald Trump sostiene que en ese enclave Teherán estaría ocultando un complejo atómico subterráneo, una hipótesis que reaviva las sospechas sobre la capacidad iraní para recomponer su programa pese a los ataques que lo golpearon durante la guerra de 2025. El dato no es menor: de confirmarse, hablaríamos de una infraestructura diseñada para resistir bombardeos y sostener, bajo tierra, una parte crítica de las ambiciones nucleares del régimen.
La información de base apunta a que la presunta planta habría comenzado a levantarse después de repetidos ataques contra instalaciones nucleares dentro de Irán, y en paralelo a la ofensiva estadounidense sobre Natanz en la llamada Operación Midnight Hammer. Ese contexto es clave para entender por qué la hipótesis de Pickaxe importa más allá del gesto político. En la práctica, la guerra obligó a Teherán a recalibrar su estrategia de supervivencia: dispersar activos, profundizar la protección de sus sitios sensibles y, en caso de que la versión de Trump sea correcta, apostar por una instalación subterránea capaz de blindarse frente a nuevas rondas de bombardeos. La historia, además, encaja con un patrón que Washington conoce bien: cuando se golpean instalaciones visibles, los programas más sensibles tienden a moverse hacia estructuras más difíciles de detectar y destruir.
Pero más allá de la denuncia, el fondo del asunto es otro: la pregunta real no es solo dónde estaría escondido ese complejo, sino qué significa para el equilibrio de poder en Medio Oriente. Si Irán logró avanzar en un sitio como Pickaxe Mountain, el margen de disuasión de Estados Unidos e Israel se estrecha y la presión diplomática podría subir un escalón más. A la vez, cualquier señal de que Teherán intenta reconstruir o proteger su capacidad nuclear alimenta el argumento de los sectores más duros en Washington, que ven en Irán una amenaza persistente y difícil de contener con sanciones o rondas de negociación. Para la región, eso se traduce en más inestabilidad; para la Casa Blanca, en una decisión incómoda entre redoblar la presión o abrir una nueva vía de contención antes de que el conflicto vuelva a escalar.
En ese sentido, Pickaxe Mountain no es solo un punto en un mapa iraní: es el reflejo de una guerra que no terminó del todo, sino que mutó hacia la sombra. La duda sobre si allí existe realmente un complejo nuclear subterráneo resume el momento actual: una mezcla de sospecha, urgencia militar y cálculo político en la que cada movimiento puede alterar el próximo capítulo de la crisis iraní.




