Colombia

Petro cumple cuatro años marcando a Colombia, pero su legado sigue en disputa

Hace 5 horas
Petro cumple cuatro años marcando a Colombia, pero su legado sigue en disputa

Imagen: BBC Mundo

A cuatro años de haber llegado al poder, Gustavo Petro deja una Colombia más movida que transformada por completo: avanzó en reformas y reorientó el debate público, pero también profundizó la polarización. Su gran reto ya no es reelegirse, sino demostrar que su proyecto sobrevivirá a él.

Gustavo Petro llegó al poder prometiendo un giro histórico en Colombia y, a cuatro años de esa victoria, el balance es claro: sí alteró la conversación nacional, empujó reformas que parecían políticamente imposibles y puso temas como la desigualdad, la transición energética y la reforma agraria en el centro de la agenda. Pero la foto final está lejos de ser triunfal. El país que deja a mitad de camino entre el cambio y la frustración es uno más polarizado, con avances parciales y con la sensación de que el presidente del cambio nunca logró convertir su discurso de transformación en una obra cerrada y contundente.

En el terreno institucional, Petro logró mover varias piezas que durante años habían permanecido inmóviles. Su gobierno impulsó cambios en el sistema pensional, la legislación laboral y el debate sobre el modelo de salud, mientras trató de reposicionar al Estado como un actor más activo en la redistribución y la protección social. También dio un viraje en política exterior y elevó la bandera ambiental como uno de los ejes de su mandato, con una narrativa menos dependiente de los combustibles fósiles y más enfocada en la justicia social y territorial. Sin embargo, cada paso ha venido acompañado de un costo político alto: fracturas con sectores empresariales, choques permanentes con el Congreso y una relación tensa con buena parte de la prensa, la oposición y hasta antiguos aliados.

La paradoja de Petro es que su mayor logro podría ser también su mayor problema. Transformó el debate público, pero no necesariamente consolidó una mayoría estable para sostener esas transformaciones. En Colombia, donde el poder suele medirse por la capacidad de dejar instituciones operando más allá del gobernante de turno, el presidente termina evaluado no solo por las leyes que promovió, sino por la robustez de su coalición, la ejecución de su gobierno y la percepción ciudadana sobre resultados concretos. A eso se suma que la Constitución le cierra la puerta a la reelección, de modo que su legado dependerá menos de una campaña propia que de si logra dejar un bloque político capaz de defender sus reformas después de su salida. En otras palabras: Petro no se juega un segundo mandato, se juega la permanencia de su proyecto.

Y ahí está la verdadera medida de estos cuatro años. Si para una parte del país Petro representó la llegada de una izquierda que por fin tocó el poder central, para otra fue la confirmación de los temores que suscitaba desde antes de asumir. Esa división explica por qué su presidencia será recordada tanto por lo que intentó cambiar como por lo que no consiguió estabilizar. Para la gente de a pie, el resultado importa en lo concreto: si las reformas mejoran el empleo, la pensión, la atención en salud o la seguridad, el balance será distinto al de una presidencia dominada por el ruido político. Por ahora, Petro sigue siendo más un punto de ruptura que una síntesis. Y esa es, al mismo tiempo, la fuerza y la fragilidad de su legado.

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