Colombia

Universidad del Atlántico sigue en vilo: el regreso de Leyton Barrios aún no se define

Hace 3 horas

El regreso de Leyton Barrios a la rectoría de la Universidad del Atlántico sigue en suspenso, mientras la institución permanece atrapada en un pulso administrativo y jurídico con Rafael Castillo. La comunidad universitaria sigue sin claridad sobre quién dirige realmente la universidad.

La Universidad del Atlántico sigue atrapada en una zona gris de poder: aunque el rector electo Leyton Barrios busca volver al cargo, su regreso todavía depende de una cadena de pasos administrativos y jurídicos que no se han cerrado. En la práctica, eso mantiene abierta la disputa con Rafael Castillo y prolonga la incertidumbre sobre quién tiene hoy el control real de una de las principales universidades públicas del Caribe colombiano.

Según informó El Tiempo (Colombia), el caso no se resolverá con un solo acto formal ni con una decisión aislada. El retorno de Barrios exige que se surten varios trámites que pasan por revisiones internas, validaciones jurídicas y actuaciones administrativas que, por ahora, siguen frenadas o en discusión. Ese embudo institucional ha dejado a estudiantes, profesores y trabajadores en medio de un limbo que no solo afecta la gobernabilidad de la universidad, sino también la confianza en sus órganos de dirección.

Lo que ocurre en la Universidad del Atlántico es más que una pelea por un cargo: es una muestra de cómo los vacíos procedimentales pueden convertir una decisión académica en un conflicto prolongado de poder. Cuando una rectoría queda sometida a disputas de legalidad, el daño se siente en la gestión cotidiana, en la ejecución de proyectos, en la planeación presupuestal y en la estabilidad de la vida universitaria. Y en un país donde las universidades públicas ya cargan con problemas estructurales de financiación y gobernanza, cada semana de incertidumbre pesa doble. Por eso importa saber quién manda realmente: porque detrás del nombre que aparezca en la oficina de rectoría hay decisiones que impactan matrículas, contratación, bienestar estudiantil e incluso la relación de la institución con el Gobierno y los entes de control.

El pulso entre Barrios y Castillo también deja ver una tensión más amplia en la educación superior pública colombiana: la fragilidad de los mecanismos que deberían resolver disputas institucionales con rapidez y transparencia. Mientras no se despeje ese camino, la Universidad del Atlántico seguirá administrándose bajo la sombra de la provisionalidad, y la comunidad universitaria seguirá pagando el costo de una pelea que se libra arriba, pero cuyos efectos caen de lleno sobre quienes estudian y trabajan adentro.

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