Rajoy no se retracta y agrava la polémica por sus comentarios sobre los franceses

Imagen: El País
Mariano Rajoy intentó bajar el volumen a la polémica por sus comentarios sobre la selección francesa, pero dejó claro que no piensa retractarse. En su primera aparición pública tras el revuelo, el expresidente español volvió a colocarse en el centro del debate por un desliz que mezcló fútbol, ironía y tensión política.
Mariano Rajoy salió este jueves a contener el daño, pero no a corregirse. En su primera aparición pública después de la controversia que desató con un mensaje sobre la selección francesa, el expresidente español esquivó una disculpa explícita y dio a entender que no tiene intención de rectificar del todo: según informó El País, el exmandatario quiso rebajar la polémica sin renunciar a su comentario original, que fue interpretado como una descalificación a los futbolistas franceses por su nacionalidad.
La secuencia es conocida y revela hasta qué punto una frase mal calculada puede escalar en tiempos de hiperexposición. Rajoy había escrito que el combinado de Francia era un gran equipo, pero “sin franceses”, una afirmación que provocó críticas inmediatas y una oleada de reproches en redes y en el debate público. En su reaparición, lejos de ofrecer una retractación contundente, optó por la ironía y por presentarse como víctima de una reacción excesiva. El mensaje de fondo fue claro: no piensa entrar en una autoinculpación que, a su juicio, solo alimentaría todavía más el ruido.
El episodio importa no solo por el nombre propio de Rajoy, exjefe de gobierno y figura todavía influyente dentro del conservadurismo español, sino porque vuelve a mostrar cómo la política contemporánea se juega también en el terreno de la conversación instantánea, donde el contexto se pierde y el matiz se evapora. En un país como España, donde el fútbol funciona casi como una extensión de la identidad colectiva, cualquier comentario que toque a una selección campeona o aspirante a serlo se amplifica de inmediato. Y cuando quien lo hace es un expresidente, la lectura se vuelve doble: por un lado, la anécdota; por otro, la pregunta sobre el juicio público de alguien que todavía conserva peso simbólico.
Rajoy intenta salir del paso con una fórmula que conoce bien: minimizar, ironizar y esperar que pase la tormenta. Pero esta vez el gesto deja una señal incómoda. En una época en la que la frontera entre ocurrencia y agravio es cada vez más estrecha, incluso una frase lanzada como chiste puede terminar midiendo el temperamento político de quien la pronuncia. Y en esa prueba, Rajoy ha preferido no desdecirse, aunque eso signifique seguir bajo el fuego de quienes le recuerdan que, diga lo que diga, la polémica ya le alcanzó.




