Rebeca Grynspan busca reorientar la ONU hacia la paz y abrir una puerta histórica
Imagen: infobae mundo
Rebeca Grynspan entra a la carrera por la Secretaría General de la ONU con una apuesta clara: devolver la paz al centro de la agenda global. Si prospera su candidatura, la costarricense podría convertirse en la primera mujer en liderar la organización en 80 años.
Rebeca Grynspan quiere llegar a la cima de Naciones Unidas con un mensaje que hoy suena menos diplomático que urgente: la paz debe volver a ser el eje de la organización. La economista costarricense, actual secretaria general de la UNCTAD y candidata oficial de Costa Rica para suceder al frente de la ONU, podría hacer historia si logra romper un techo que la institución no ha tocado en 80 años: convertirse en la primera mujer secretaria general.
Su perfil no es el de una funcionaria de pasillo. Grynspan ha sido vice presidenta de Costa Rica, ha negociado crisis de deuda, ha conducido organismos multilaterales y ha trabajado en escenarios de alta presión donde la política deja de ser abstracción y se convierte en precio de los alimentos, acceso al crédito o estabilidad social. En la conversación difundida por infobae mundo, insistió en que el mundo necesita un liderazgo capaz de reconstruir confianza en un momento en el que esa confianza se erosiona a gran velocidad. También recordó su papel en las negociaciones de la Iniciativa del Mar Negro, durante la guerra entre Rusia y Ucrania, un proceso que buscó evitar que el conflicto disparara una crisis alimentaria de alcance global. Su lectura es clara: la diplomacia sigue siendo una herramienta útil cuando la guerra amenaza con desbordar a la economía y a los hogares.
La candidatura de Grynspan también coloca a América Latina en una posición que merece atención. La región ya tuvo un secretario general de la ONU, el peruano Javier Pérez de Cuéllar, y ha cultivado una tradición diplomática que, pese a sus tensiones internas, ha privilegiado el diálogo, la resolución judicial de controversias y la ausencia de armas nucleares. En un escenario internacional marcado por guerras abiertas, polarización y debilidad de los organismos multilaterales, esa experiencia regional puede presentarse como una ventaja, no como un dato protocolario. No es menor que la discusión sobre la próxima jefatura de la ONU ocurra cuando la organización enfrenta cuestionamientos por su incapacidad para frenar conflictos, responder a crisis humanitarias y recuperar credibilidad ante potencias que actúan cada vez más por fuera de las reglas colectivas.
El fondo de esta carrera, sin embargo, no es solo simbólico. También es una prueba sobre qué tipo de liderazgo está dispuesta a premiar la comunidad internacional: uno que represente continuidad burocrática o uno que intente reposicionar a la ONU como un espacio útil para negociar, prevenir crisis y sostener acuerdos mínimos. Grynspan ha dejado claro que no busca trato preferencial por ser mujer; pide ser evaluada con el mismo estándar que cualquier otro aspirante. Pero si su nombre avanza, la señal política sería difícil de ignorar: en un mundo fragmentado, una latinoamericana con trayectoria en desarrollo, negociación y gestión pública podría convertirse en la apuesta de quienes todavía creen que el multilateralismo no está muerto, aunque sí gravemente debilitado.



