Fidel cumpliría 100 años: Cuba lo recuerda entre ruinas, escasez y desencanto

Imagen: clarin colombia
Cuba recuerda hoy a Fidel Castro en el centenario de su nacimiento, pero la fecha llega con la isla sumida en escasez, apagones y un deterioro que golpea la vida cotidiana. El contraste entre el mito revolucionario y la realidad actual reabre la pregunta incómoda: ¿qué quedó de sus promesas?
Cuba llega al centenario del nacimiento de Fidel Castro en el peor espejo posible: una crisis económica y social que ha vaciado de épica el relato revolucionario y ha dejado a millones de cubanos atrapados entre la escasez, los apagones y la incertidumbre. La conmemoración, lejos de ser una celebración unificadora, expone una fractura profunda en la memoria política de la isla. Para unos, Castro sigue siendo el “maestro” que desafió a Washington; para otros, el responsable de un modelo que terminó asfixiando al país. Esa discusión no es solo simbólica: en la vida diaria se traduce en colas para conseguir alimentos, salarios insuficientes y un sistema eléctrico al borde del colapso.
Según informó Clarín Colombia, el aniversario de quien encabezó la revolución cubana llega en medio de una de las peores etapas para la isla, golpeada además por la presión de la administración de Donald Trump y por una asfixiante falta de recursos. La escasez se ha vuelto estructural y los apagones crónicos condicionan desde la economía doméstica hasta el funcionamiento de hospitales, escuelas y pequeños negocios. En ese escenario, el recuerdo de Fidel se mezcla con una pregunta que hoy atraviesa a la sociedad cubana: cuánto de la promesa de soberanía, justicia social y bienestar sobrevivió al paso del tiempo, y cuánto se convirtió en una retórica incapaz de sostener al país.
El centenario también funciona como un balance histórico incómodo. Castro construyó un proyecto político que, durante décadas, se presentó como alternativa al orden estadounidense en América Latina, con logros que sus defensores todavía destacan en salud, educación y proyección internacional. Pero el deterioro actual obliga a mirar el otro lado de la ecuación: la centralización extrema del poder, la dependencia económica, la poca capacidad de reforma y la salida masiva de cubanos que buscan fuera de la isla lo que dentro ya no encuentran. En ese sentido, el debate sobre Fidel no es una disputa entre nostalgia y condena; es una radiografía de un país que envejeció con su propio mito y ahora paga las consecuencias de un modelo agotado.
Por eso este centenario dice más sobre la Cuba de hoy que sobre el líder que nació hace 100 años. La isla ya no discute solo quién fue Fidel, sino qué clase de país dejó detrás y por qué, medio siglo después de la revolución, la promesa de dignidad nacional convive con apagones, carencias y un futuro cada vez más estrecho para la población. En tiempos de crisis, los aniversarios dejan de ser homenaje y se convierten en juicio histórico.




