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Perú cierra el conteo con ventaja mínima para Keiko Fujimori y tensión hasta julio

Hace 2 horas
Perú cierra el conteo con ventaja mínima para Keiko Fujimori y tensión hasta julio

Imagen: infobae

La ONPE llegó al 99,019% del conteo y Keiko Fujimori mantiene una ventaja de 31.905 votos sobre Roberto Sánchez. Con el escrutinio prácticamente cerrado, la definición queda ahora en manos del JNE para mediados de julio.

La elección peruana entró en su tramo más tenso: con el 99,019% de las actas contabilizadas, Keiko Fujimori sostiene una ventaja mínima de 31.905 votos sobre Roberto Sánchez, una diferencia que la coloca al frente con 50,088% frente al 49,912% de su rival. En números concretos, la lideresa de Fuerza Popular suma 9.121.413 sufragios, mientras Sánchez alcanza 9.089.508, un resultado tan apretado que confirma por qué cada acta ha sido observada con lupa en las últimas horas.

De acuerdo con el último reporte de la ONPE, ya no quedan actas pendientes de contabilización y solo 910 permanecen en proceso de envío al Jurado Electoral Especial (JEE), lo que reduce al mínimo el margen para cambios sustanciales en la tendencia. En otras palabras, el país ya no está en una fase de conteo abierto sino en una etapa administrativa y jurídica, donde cualquier intento por alterar el resultado dependerá de impugnaciones, revisiones o eventuales controversias sobre actas específicas. La proclamación oficial del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) sigue prevista para mediados de julio, y ese calendario es ahora el único reloj que importa en una carrera definida por miles, no por millones.

El dato relevante no es solo quién va adelante, sino cómo Perú vuelve a vivir una definición electoral marcada por la desconfianza, la revisión minuciosa y la presión política sobre los organismos electorales. Cuando una diferencia se reduce a menos de dos décimas de punto porcentual, la legitimidad del resultado deja de depender únicamente de la matemática y pasa a depender también de la capacidad institucional para cerrar el proceso sin fisuras. Por eso este desenlace importa mucho más allá de los partidos: un país dividido por una votación tan estrecha enfrenta el desafío de aceptar reglas, esperar fallos y evitar que la polarización se traslade a las calles, al Congreso o a la economía.

La escena que deja este conteo es la de un Perú a la espera de una confirmación formal, pero con un resultado que ya ofrece una señal política contundente: la contienda fue prácticamente un empate técnico y, gane quien gane, gobernará sobre una base social profundamente partida. En ese escenario, la proclamación del JNE no solo certificará a un vencedor; también pondrá a prueba la solidez del sistema electoral y la disposición de los actores políticos a reconocer un desenlace extremadamente ajustado.

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