Rodri y Laporte, la base de una España más madura ante Francia

Imagen: El País
Rodri y Laporte sostuvieron a una España madura y compacta en un duelo de máxima exigencia ante Francia. La actuación coral de la Roja volvió a apoyarse en dos nombres que le dieron equilibrio, salida y control.
España encontró en Rodri y Aymeric Laporte el punto de anclaje para resistir y competir ante Francia en un partido de enorme intensidad, una señal de que la Selección ya no depende solo del brillo ofensivo para sostenerse en escenarios grandes. La templanza del mediocampista del Manchester City y la autoridad del central del Athletic marcaron el ritmo de una Roja que funcionó como bloque, con orden, concentración y una madurez competitiva que pesó más que los destellos individuales.
Rodri volvió a demostrar por qué es uno de los futbolistas más determinantes del fútbol europeo actual: se ofreció siempre como salida limpia, administró los tiempos del juego y evitó que España quedara partida cuando Francia aceleró. Laporte, por su parte, aportó ese perfil de central que no solo defiende, sino que también corrige, anticipa y da confianza a su alrededor. En una zaga sometida a un examen constante, su jerarquía fue clave para sostener la estructura y reducir los espacios que suele castigar una selección francesa cargada de velocidad y talento.
Lo relevante de esta actuación no está únicamente en los nombres propios, sino en lo que revela sobre la evolución de España. La Selección parece haber encontrado una identidad más pragmática sin renunciar al control del balón: menos ingenuidad, más oficio y una base defensiva más sólida para competir en eliminatorias donde un error puede costar una clasificación o un título. En ese contexto, Rodri y Laporte representan mucho más que dos titulares fiables; son la garantía de que el equipo puede sobrevivir cuando el partido se ensucia y, desde ahí, crecer. Para la afición, esa transformación importa porque acerca a España a una versión más adulta, menos frágil y mejor preparada para sostenerse frente a rivales de primer nivel.
El análisis uno por uno de la plantilla deja una conclusión clara: la Roja ya no se explica solo por su talento en el último tercio, sino por la solidez de una columna vertebral que empieza a transmitir seguridad. Si España quiere volver a pelear por todo, necesitará repetir actuaciones como esta, donde el trabajo invisible de Rodri y Laporte termina siendo el verdadero argumento de peso. En partidos así, el fútbol suele premiar a los que mejor entienden cuándo acelerar y cuándo resistir; España, al menos ante Francia, pareció haber aprendido esa lección.




