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Jáminton Campaz volvió a entrenar y retoma su camino tras semanas de tensión

Hace 9 horas

Jáminton Campaz volvió a aparecer en los trabajos de Rosario Central después de atravesar un episodio de amenazas que lo mantuvo bajo la lupa desde el Mundial 2026. Su regreso corta el silencio y reabre la conversación sobre la presión que enfrentan los futbolistas colombianos dentro y fuera de la cancha.

Jáminton Campaz reapareció en los entrenamientos de Rosario Central y con eso puso fin, al menos por ahora, a un silencio que venía cargado de tensión desde su paso por el Mundial 2026. El volante colombiano, que había sido uno de los nombres más destacados de la selección en el torneo, volvió a verse en el radar deportivo en medio de un entorno que en los últimos meses estuvo marcado por amenazas y por la incertidumbre sobre su estado anímico y profesional. Su regreso a la práctica no es un dato menor: en el fútbol actual, volver a entrenar también significa intentar recuperar normalidad en medio del ruido.

Según informó www.colombia.com/deportes, la reaparición de Campaz se produjo en el trabajo cotidiano del club argentino, Rosario Central, donde el jugador retomó actividades tras un periodo en el que su nombre circuló más por la presión externa que por su rendimiento en cancha. Que un futbolista colombiano con proyección internacional tenga que volver a escena después de un episodio de amenazas dice mucho sobre el costo humano que puede tener la exposición pública en el deporte. Campaz no solo carga con la expectativa de su club y de la selección; también arrastra el peso de una afición que suele exigir respuestas inmediatas, incluso cuando la vida personal del jugador está atravesando un momento delicado.

Lo que ocurre con Campaz importa porque pone sobre la mesa un problema que el fútbol latinoamericano conoce bien pero rara vez enfrenta de frente: la vulnerabilidad de los jugadores cuando la presión deportiva se mezcla con la violencia verbal, las redes sociales y el acoso. En Colombia, como en otros países de la región, el éxito de un futbolista puede convertirse en una carga tan pesada como un fracaso; y cuando aparecen amenazas, el asunto deja de ser una simple polémica de tribuna para convertirse en una cuestión de seguridad, salud mental y manejo institucional. Su regreso a Rosario Central puede interpretarse como una señal de fortaleza, pero también como un recordatorio incómodo de que los clubes y las federaciones siguen debiendo más protección real a sus figuras.

Campaz vuelve al trabajo en un momento en el que necesita recuperar ritmo y confianza, pero también algo más difícil de medir: tranquilidad. Para el jugador, cada entrenamiento será una prueba de reinicio; para el entorno del fútbol colombiano, una oportunidad para discutir con más seriedad qué pasa cuando el talento se ve obligado a convivir con el miedo. Y esa es la parte que más debería preocupar: no se trata solo de un regreso a la práctica, sino de un futbolista intentando reconstruir su carrera en medio de un clima que todavía no desaparece del todo.

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