Rusia intensifica su ofensiva y golpea Kiev por tercera vez en menos de una semana
Imagen: infobae mundo
Kiev volvió a despertar bajo fuego ruso: una nueva andanada de misiles balísticos dejó al menos 11 heridos y obligó a activar las alarmas minutos después de las primeras explosiones. Es la tercera ofensiva de este tipo contra la capital en menos de una semana.
Kiev volvió a quedar en la línea de fuego en la madrugada del domingo, cuando Rusia lanzó al menos cinco misiles balísticos contra la capital ucraniana y dejó 11 personas heridas, según informó Tymur Tkachenko, jefe de la administración militar de la ciudad. Las alertas sonaron apenas minutos después de la primera explosión, un patrón que confirma la velocidad con la que el ataque tomó por sorpresa a los habitantes y la persistencia de una ofensiva que no da tregua a la retaguardia ucraniana.
De acuerdo con lo reportado por infobae mundo, se trató de la tercera oleada de misiles balísticos contra Kiev en menos de una semana, una frecuencia que no solo eleva el nivel de presión sobre las defensas aéreas ucranianas, sino que también expone el esfuerzo ruso por desgastar a la capital con ataques repetidos y de corto intervalo. La capital ucraniana se ha convertido en un objetivo recurrente desde el inicio de la invasión a gran escala, pero la reiteración de estos bombardeos en tan pocos días sugiere una decisión clara de Moscú: mantener a la ciudad en estado de alarma permanente y forzar el costo humano y psicológico de la guerra sobre la población civil.
Más allá del número de heridos en esta nueva ofensiva, lo que importa es la tendencia. Cuando una capital recibe ataques balísticos con esta frecuencia, el mensaje no es solo militar: es político y social. Rusia busca demostrar capacidad de alcance y presión, mientras Ucrania intenta sostener sus sistemas de defensa en un escenario de desgaste continuo. Para los residentes de Kiev, esto significa interrupciones constantes, noches en refugios, incertidumbre y una rutina marcada por la posibilidad de nuevas explosiones. Para el resto del país, el ataque refuerza una realidad incómoda: incluso en las ciudades más resguardadas, la guerra sigue alcanzando a la población civil.
El hecho de que los ataques se repitan en menos de una semana también obliga a mirar el frente diplomático y militar con más atención. Cada nueva ofensiva debilita las expectativas de una desescalada inmediata y recuerda que la guerra sigue entrampada en una lógica de presión y represalia. Kiev, por ahora, sigue resistiendo, pero el costo de esa resistencia se mide en heridos, daños materiales y una sensación de vulnerabilidad que Rusia insiste en profundizar con cada lanzamiento.

