Las salamandras regeneran extremidades y los humanos solo cicatrizan

Imagen: infobae mundo
Un investigador explicó por qué las salamandras pueden regenerar extremidades mientras los humanos solo cicatrizan. La clave está en cómo el organismo responde al daño: reconstruir o sellar la herida.
La diferencia entre una salamandra y un ser humano no está solo en la especie, sino en la respuesta biológica que activan sus células frente a una lesión. Según explicó el investigador Junsu Kang, algunos animales conservan la capacidad de regenerar extremidades completas, mientras que en los humanos el cuerpo opta por cerrar la herida rápidamente y formar cicatriz, una estrategia útil para sobrevivir, pero limitada para recuperar tejido perdido.
De acuerdo con lo informado por Infobae Mundo, Kang detalló que el proceso de regeneración depende de señales celulares específicas que permiten reconstruir estructuras complejas, algo que en los humanos se desactiva o nunca llega a desarrollarse por completo. En cambio, cuando ocurre una herida, el organismo prioriza frenar el daño, evitar infecciones y estabilizar la zona afectada, incluso si eso implica sacrificar la posibilidad de restaurar la parte perdida.
Ese contraste ayuda a entender por qué la cicatrización es, al mismo tiempo, una victoria y una renuncia del cuerpo. Para la medicina, el hallazgo no es menor: comprender por qué las salamandras sí pueden regenerar y los humanos no abre una puerta de largo plazo para terapias que algún día podrían mejorar la reparación de órganos, tejidos y extremidades. El punto de partida, sin embargo, sigue siendo básico: descifrar qué interruptor molecular apaga la regeneración en nuestra biología.
En términos prácticos, esta línea de investigación importa porque toca uno de los grandes límites de la medicina moderna. Hoy un paciente puede sobrevivir a una amputación, una quemadura o una lesión grave, pero no recuperar de forma natural lo que perdió. Si la ciencia logra traducir parte del mecanismo de las salamandras al cuerpo humano, el impacto sería enorme para millones de personas que viven con secuelas permanentes. Por ahora, lo que queda claro es que el cuerpo humano no está diseñado para reconstruirse como algunos anfibios, sino para cerrar filas ante el daño.

