Política

Derechas en choque: la coalición de De La Espriella se resquebraja antes de las regionales

Hace 5 horas

La coalición de derecha que respalda al gobierno de Abelardo De La Espriella volvió a exhibir sus fracturas, esta vez por nuevos señalamientos de Enrique Gómez. El choque reabre dudas sobre la capacidad del bloque para llegar unido a las elecciones regionales.

La coalición de derecha que sostiene al gobierno de Abelardo De La Espriella volvió a entrar en turbulencia por cuenta de los ataques de Enrique Gómez, un episodio que no solo exhibe fisuras internas sino que también amenaza con erosionar la disciplina política del bloque en vísperas de las elecciones regionales. Lo que en principio parecía una alianza construida para proyectar fortaleza terminó convertido, una vez más, en un pulso de egos, diferencias estratégicas y mensajes cruzados que golpean la credibilidad del proyecto ante su propia base.

Según informó El Tiempo - Política, las colectividades que integran esa coalición reaparecieron enfrentadas luego de nuevos dardos lanzados por Gómez, una figura que ha hecho del cuestionamiento a sus aliados una constante en el debate interno de la derecha. En un escenario donde cada partido busca marcar territorio y diferenciarse para no quedar subsumido en una sola narrativa, el resultado es una alianza que luce más como una suma de cálculos electorales que como un bloque con una ruta común. Y en política, esa diferencia pesa: cuando las colectividades no se hablan con una sola voz, la campaña se fragmenta, se confunden los mensajes y se abre espacio para que los rivales capitalicen el desorden.

El trasfondo es más profundo que una disputa personal. Las elecciones regionales suelen ser el primer gran termómetro para medir si una coalición nacional logra traducir su fuerza en votos locales, y esa prueba exige coordinación, reparto de respaldos y control del ruido interno. Si Salvación Nacional y el Centro Democrático —u otras fuerzas del mismo espectro— siguen enviándose mensajes de reproche, el costo no será solo mediático: también puede sentirse en la conformación de listas, en la disputa por gobernaciones y alcaldías, y en la capacidad de movilizar a los simpatizantes en territorios donde la unidad pesa más que el discurso ideológico. En otras palabras, la pelea entre aliados puede terminar facilitando la tarea de sus competidores, que no necesitan vencer a una derecha unida, sino a una derecha dispersa.

De cara a las regionales, el episodio deja una advertencia clara: el bloque que acompaña al gobierno de De La Espriella está obligado a decidir si quiere funcionar como coalición o como un conjunto de proyectos individuales que coinciden solo mientras les convenga. Si no logra resolver sus choques internos, la factura puede ser doble: perder cohesión en campaña y llegar debilitado a la negociación posterior sobre poder territorial. En Colombia, donde las elecciones locales suelen redefinir alianzas nacionales, estas grietas no son un simple ruido de temporada; pueden marcar el comienzo de una fractura más costosa de lo que hoy parece.

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