Salwa Maloof Habib, nueva reina del Carnaval de Barranquilla 2027, encarna tradición y relevo
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Salwa Maloof Habib, de 24 años, fue elegida reina del Carnaval de Barranquilla 2027 y llevará la fiesta más emblemática de la ciudad tras una trayectoria ligada a la salud, el arte y el trabajo social. Su nombramiento conecta tradición, gestión cultural y el relevo generacional de una celebración clave para Barranquilla.
Salwa Maloof Habib, de 24 años, fue anunciada como la nueva reina del Carnaval de Barranquilla 2027, una designación que la pone en el centro de la fiesta más importante de la ciudad y la proyecta como una de las caras visibles de una celebración que mueve cultura, turismo y economía en la región Caribe. Su elección no solo responde al componente festivo del cargo: también refleja una trayectoria marcada por la formación artística, el trabajo social y una relación cercana con iniciativas de salud en Barranquilla.
De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo (Colombia), Maloof Habib llega al reinado después de construir un perfil que combina sensibilidad social y experiencia cultural. A sus 24 años, ha estado vinculada a procesos de impacto comunitario y a actividades que la conectan con la vida barranquillera más allá del folclor. Ese detalle no es menor: en un Carnaval que cada vez exige más preparación, visibilidad y capacidad de liderazgo, la reina ya no representa solo la imagen de la fiesta, sino también una plataforma para proyectar mensajes sobre identidad, participación ciudadana y apropiación cultural.
El nombramiento también permite leer algo más profundo sobre el Carnaval de Barranquilla: su renovación constante. La fiesta, declarada Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, no vive únicamente de sus comparsas, disfraces y desfiles; también depende de figuras capaces de conectar tradición con nuevos públicos. En ese sentido, la llegada de Maloof Habib sugiere una apuesta por perfiles con formación integral, más cercanos a la gestión social y cultural que a una simple aparición protocolaria. Para la ciudad, eso importa porque el Carnaval no es solo entretenimiento: es empleo temporal, dinamización comercial y un símbolo de cohesión que impacta desde los barrios hasta el sector hotelero y turístico.
En un contexto en el que las ciudades colombianas buscan fortalecer su oferta cultural como motor económico, la reina del Carnaval termina cargando una responsabilidad que va más allá de portar una corona. Su papel será clave para mantener vivo el entusiasmo desde este año, cuando arranca la preparación de la gran fiesta de 2027. Y si logra traducir su experiencia en salud, labor social y arte en una agenda cercana a la gente, Barranquilla no solo tendrá una reina: tendrá una vocera capaz de recordar que el Carnaval también se construye desde la ciudad que lo hace posible.



