Ucrania lanza su mayor ataque con drones contra San Petersburgo

Imagen: clarin colombia
Ucrania lanzó su mayor ofensiva con drones contra San Petersburgo, la ciudad natal de Vladimir Putin, en un golpe que alcanzó infraestructura petrolera, logística y digital. El ataque, con más de 150 aparatos, expone la vulnerabilidad de una urbe clave para la maquinaria rusa de guerra.
Ucrania ejecutó anoche su mayor ataque con drones contra San Petersburgo, un golpe simbólico y operativo contra la segunda ciudad más importante de Rusia y lugar de origen de Vladimir Putin. Según informó clarín colombia, más de 150 aparatos no tripulados apuntaron a infraestructura petrolera, logística y digital, en una ofensiva que confirma que la guerra está cada vez más cerca del corazón político y económico ruso.
De acuerdo con la información disponible, los drones buscaron afectar nodos estratégicos ligados al suministro energético, al transporte de bienes y a sistemas digitales que sostienen la actividad urbana e industrial. Aunque no se entregaron detalles sobre daños específicos ni sobre posibles víctimas, la magnitud del ataque sugiere una operación coordinada para presionar a Moscú en un punto sensible, lejos del frente de combate tradicional y en una ciudad que, por su peso histórico y político, tiene un valor que va más allá de lo militar.
Este tipo de incursiones responde a una lógica clara: llevar la guerra al interior ruso para romper la sensación de distancia que durante meses protegió a las grandes ciudades de ese país. San Petersburgo no es solo una capital cultural; también es un centro logístico y económico clave, y tocar su infraestructura implica elevar el costo de la guerra para el Kremlin. En el plano político, además, el ataque golpea el relato de control que Putin intenta sostener frente a su propia población, mientras Ucrania muestra que conserva capacidad de proyectar presión sobre territorio ruso incluso bajo una guerra prolongada.
Más allá del impacto inmediato, la ofensiva plantea una señal inquietante sobre la fase actual del conflicto: la guerra de desgaste ya no se mide solo en trincheras y líneas de frente, sino también en la capacidad de cada bando para vulnerar la retaguardia del otro. Si Moscú no logra blindar sus ciudades estratégicas, el conflicto podría entrar en una etapa aún más incierta, con efectos directos sobre la seguridad regional, la infraestructura crítica y el pulso político interno de Rusia.




