De la quimioterapia al diploma: Sergio Puello se graduó en Unimagdalena tras vencer un cáncer
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Sergio Puello llegó a su grado con un cartel que decía “No más quimio”, después de aplazar su diploma por 13 sesiones de quimioterapia. Sus compañeros, además, hicieron una colecta para ayudarlo a sostener el semestre.
Sergio Puello no solo recibió su diploma de contador en la Universidad del Magdalena; también convirtió su grado en una declaración de resistencia. Llegó a la ceremonia con un cartel que decía “No más quimio”, una frase breve pero contundente para resumir una batalla que le aplazó la ceremonia durante meses y que lo obligó a poner en pausa la vida académica mientras enfrentaba un cáncer. El gesto no fue solo suyo: detrás hubo una comunidad universitaria que lo acompañó en el momento más difícil y que celebró con él una victoria que va mucho más allá del título.
De acuerdo con la información publicada por El Tiempo (Colombia), Puello tuvo que posponer su graduación debido a 13 sesiones de quimioterapia, un tratamiento que alteró por completo su calendario académico y personal. En medio de esa etapa, sus compañeros organizaron una colecta para apoyarlo económicamente y ayudarle a sostener el semestre, una muestra de solidaridad que terminó siendo tan importante como el respaldo familiar o médico. El caso pone en evidencia una realidad que muchas veces queda por fuera de los discursos sobre educación superior: estudiar en Colombia no siempre depende solo del esfuerzo individual, sino también de la capacidad de resistir enfermedades, costos y circunstancias que pueden derrumbar cualquier plan.
La historia de Puello importa porque humaniza dos discusiones que suelen tratarse por separado: la lucha contra el cáncer y la permanencia en la universidad. En un país donde muchas familias deben improvisar para sostener a un estudiante cuando aparece una emergencia médica, su caso revela el valor real de las redes de apoyo dentro de las instituciones públicas. Un semestre perdido por enfermedad puede significar mucho más que un retraso académico; puede convertirse en una amenaza directa a la continuidad de los estudios, al bolsillo familiar y a la salud emocional de quien enfrenta el diagnóstico. Por eso, lo ocurrido en Unimagdalena no es solo una noticia emotiva: también es un recordatorio de cuán frágil puede ser el derecho a estudiar cuando la enfermedad entra en escena.
El cartel con el que Puello apareció en su ceremonia terminó condensando esa historia de dolor, paciencia y cierre. No era un gesto ornamental ni una frase para la foto: era la confirmación de que salió adelante después de un proceso duro y de que la universidad, en su mejor versión, también puede ser un espacio de acompañamiento humano. En tiempos donde predominan las malas noticias, este tipo de historias dejan una lección incómoda pero necesaria: la educación no se mide solo en notas o diplomas, sino en la capacidad de una comunidad para sostener a los suyos cuando la vida se complica.


