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Díaz-Granados usa el premio Torre del Oro para impulsar una alianza más ambiciosa

Hace 2 horas
Díaz-Granados usa el premio Torre del Oro para impulsar una alianza más ambiciosa

Imagen: El País

Sergio Díaz-Granados, presidente de CAF, convirtió la entrega del premio Torre del Oro en una defensa del mestizaje como motor de desarrollo. Su mensaje apunta a una cooperación más ambiciosa entre España y América Latina, más allá de la memoria colonial.

Sergio Díaz-Granados aprovechó la entrega del premio Torre del Oro para lanzar un mensaje político y económico de largo alcance: el debate sobre la colonización, dijo en esencia, no debería quedarse en la culpa o la nostalgia, sino abrir paso a una cooperación más sólida entre España, América Latina y el Caribe. El máximo responsable de CAF, el banco de desarrollo regional, defendió el mestizaje como una ventaja histórica y cultural capaz de traducirse en oportunidades concretas de crecimiento, integración y progreso. En un momento en que la región busca recursos, infraestructura y alianzas para sostener su desarrollo, la afirmación no es menor: plantea que la relación entre ambas orillas del Atlántico puede leerse menos como una herida congelada y más como una plataforma de futuro.

La intervención de Díaz-Granados, según informó El País, pone el foco en una idea que gana espacio en foros económicos y diplomáticos: la identidad compartida importa, pero solo si se convierte en cooperación real. CAF, que financia proyectos de desarrollo en la región, ha insistido en los últimos años en la necesidad de reforzar la integración, atraer inversión y cerrar brechas sociales en áreas como energía, movilidad, agua, educación y transformación digital. En ese contexto, el discurso del presidente del banco no fue solo simbólico. Fue también una invitación a mirar el vínculo iberoamericano como una relación útil para resolver problemas concretos que afectan a millones de personas, desde la falta de infraestructura hasta la desigualdad persistente.

El trasfondo es evidente: mientras en buena parte de América Latina persiste una discusión legítima sobre los efectos de la colonización, también se abre paso otra pregunta, más pragmática y urgente: qué tipo de relación puede ayudar hoy a destrabar el subdesarrollo. Díaz-Granados parece apostar por una respuesta que combine memoria y ambición. Reconocer el pasado no tiene por qué impedir una agenda común, pero sí obliga a que esa agenda deje de ser retórica y se exprese en inversiones, empleo, tecnología y oportunidades para jóvenes y sectores excluidos. En tiempos de polarización y de repliegue nacionalista, su mensaje suena casi contracorriente: el mestizaje, bien entendido, no como consigna vacía, sino como realidad social y cultural, podría convertirse en una palanca para construir una cooperación más madura.

La lectura política de su intervención también alcanza a España, que sigue buscando reposicionarse como puente entre Europa y América Latina. Para gobiernos, empresas y organismos multilaterales, la señal es clara: el vínculo transatlántico no puede sostenerse solo en ceremonias o declaraciones de afinidad histórica. Necesita resultados. Y en una región marcada por la inflación, la deuda, la informalidad y la fragilidad institucional, cualquier alianza que prometa más integración y menos discurso vacío tendrá eco. Esa es, al final, la apuesta de fondo de Díaz-Granados: convertir una conversación sobre el pasado en una estrategia concreta para el desarrollo del presente.

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