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Lavrov y Alemania reabren el canal diplomático en medio de la guerra en Ucrania

Hace 5 horas

Serguéi Lavrov y su par alemán se vieron en Nueva York, en el primer contacto entre ambos cancilleres desde que Rusia invadió Ucrania. El gesto, pedido por Berlín en la ONU, exhibe la tensión que sigue marcando la relación entre Europa y Moscú.

La reunión entre Serguéi Lavrov y su homólogo alemán en Nueva York marca un giro simbólico en la diplomacia europea: fue el primer contacto entre ambos desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania y ocurrió en el marco de la Asamblea General de la ONU, un escenario diseñado precisamente para sostener canales de diálogo incluso en medio de las peores crisis internacionales. Que Berlín haya solicitado el encuentro habla por sí solo: Alemania no está acercándose a Moscú por convicción, sino por necesidad política, estratégica y diplomática.

Según informó Infobae Mundo, la cita se produjo en un momento de alta fricción entre Rusia y las capitales europeas, con la guerra en Ucrania todavía como eje central de la agenda internacional y con un clima de desconfianza que no ha dejado de crecer desde febrero de 2022. El hecho de que los cancilleres se encontraran en Nueva York, y no en alguna capital europea, también tiene su lectura: la ONU sigue siendo uno de los pocos espacios donde Washington, Bruselas, Berlín y Moscú todavía pueden cruzarse sin romper completamente la escenografía diplomática. Para Alemania, además, el contacto sirve para mantener abiertas conversaciones mínimas sobre seguridad continental, energía y el futuro del conflicto.

Este encuentro importa porque Europa sigue lidiando con las consecuencias de una guerra que alteró el tablero de seguridad del continente, disparó los costos energéticos y obligó a redefinir la relación con Rusia casi desde cero. Alemania, en particular, pasó de ser uno de los grandes interlocutores económicos de Moscú a uno de sus críticos más firmes dentro de la Unión Europea y la OTAN. En ese contexto, cualquier conversación entre altos funcionarios rusos y europeos no implica normalización, pero sí una admisión práctica: por más duras que sean las sanciones y por más profundo que sea el aislamiento político, la guerra en Ucrania no se resolverá sin algún tipo de interlocución diplomática. Para el resto del mundo, incluido América Latina, la señal es clara: el conflicto sigue reordenando alianzas, presionando mercados y recordando que la diplomacia, incluso en su versión más tensa, sigue siendo una herramienta indispensable.

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