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Sesgos de género frenan a las mujeres en las juntas directivas de Panamá, según estudio

Hace 1 hora
Sesgos de género frenan a las mujeres en las juntas directivas de Panamá, según estudio

Imagen: infobae

Un estudio volvió a poner bajo la lupa la baja presencia de mujeres en las juntas directivas de las empresas panameñas. La falta de mentoría y de políticas de conciliación laboral y familiar sigue cerrando puertas en la cima corporativa.

La brecha de género en los espacios de decisión empresarial en Panamá no es un problema abstracto ni una discusión de etiqueta corporativa: tiene consecuencias directas sobre quién define estrategias, asigna recursos y marca el rumbo de las compañías. Según un estudio citado por infobae, los sesgos de género continúan frenando el acceso de las mujeres a las juntas directivas, en un escenario donde la presencia femenina en esos órganos sigue siendo limitada. El diagnóstico apunta a dos barreras especialmente persistentes: la ausencia de programas de mentoría que impulsen carreras ejecutivas y la escasez de políticas internas que ayuden a equilibrar trabajo y familia, una combinación que deja a muchas profesionales fuera de la carrera por los cargos más altos.

El hallazgo no sorprende, pero sí incomoda porque desnuda una realidad que el mundo empresarial suele maquillar con discursos de diversidad mientras mantiene estructuras rígidas. Cuando no existen mecanismos formales para identificar talento, acompañarlo y promoverlo, el ascenso a las juntas termina dependiendo más de redes cerradas que de mérito comprobable. Y cuando la cultura corporativa penaliza la maternidad o asume que las responsabilidades de cuidado siguen recayendo casi por completo sobre las mujeres, la exclusión se vuelve silenciosa pero efectiva. En la práctica, eso significa menos candidatas para puestos de dirección y menos miradas distintas en las decisiones que afectan inversión, empleo y competitividad.

El caso panameño también conversa con una discusión más amplia en América Latina, donde la subrepresentación femenina en niveles directivos sigue siendo una constante, pese a los avances en educación y participación laboral. Tener más mujeres en juntas no es solo una cuestión de justicia laboral; también está asociado a mejores prácticas de gobernanza, mayor diversidad de criterios y una comprensión más fina de mercados que hoy son mucho más heterogéneos. Para las empresas, seguir ignorando este debate no solo es un error ético, sino un costo económico y reputacional en un entorno donde inversionistas, clientes y trabajadores exigen señales más claras de modernización.

Lo que revela este estudio, en el fondo, es que la igualdad en las cúpulas empresariales no llegará por inercia. Si Panamá quiere ampliar de verdad el acceso de las mujeres a las juntas directivas, tendrá que mover piezas concretas: mentorías, rutas de promoción transparentes, flexibilidad laboral y políticas de cuidado que no castiguen a quien sostiene también la vida fuera de la oficina. Sin esos cambios, la discusión sobre diversidad seguirá quedándose en la superficie, mientras las decisiones de mayor peso continúan concentradas en los mismos de siempre.

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