Shakibecca queda bajo la lupa por polémica promoción ligada al Mundial 2026
La imitadora de Shakira conocida como Shakibecca quedó en el centro de una controversia por una presentación de ‘Dai Dai’ en un entorno promocional no oficial ligado al Mundial 2026. El episodio podría derivar en una revisión de la FIFA por el uso de una imagen asociada al torneo sin autorización clara.
Rebeca Maiellano, mejor conocida como Shakibecca, pasó en cuestión de horas de ser una figura viral del entretenimiento a convertirse en un caso incómodo para el ecosistema comercial que rodea al Mundial 2026. Según informó Colombia.com en su sección de entretenimiento, la imitadora de Shakira habría interpretado “Dai Dai” dentro de un contexto promocional no oficial, un detalle que encendió las alarmas por el posible uso de referencias vinculadas al torneo sin el aval correspondiente. En un evento de esta magnitud, donde cada nombre, imagen y símbolo se protege con celo milimétrico, ese tipo de apariciones no se leen como simples gestos de fanatismo, sino como posibles infracciones a derechos de marca y a la arquitectura publicitaria que FIFA controla con dureza.
La polémica no está en que una artista o imitadora se inspire en Shakira —algo que forma parte de la cultura pop y del negocio del espectáculo desde hace años—, sino en el contexto en el que ocurrió. De acuerdo con la información difundida, la ejecución de “Dai Dai” se habría dado en una activación promocional que no contaba con carácter oficial, lo que abre la puerta a que la FIFA revise si hubo aprovechamiento indebido de la narrativa del Mundial 2026. Ese punto es clave: el organismo no solo protege el uso de su logo o de sus patrocinadores, también vigila el entorno comercial que rodea al torneo para evitar ambigüedades entre campañas autorizadas y contenido que pueda parecerlo. En un mercado donde la atención vale tanto como un contrato, una puesta en escena mal ubicada puede volverse un problema legal y reputacional.
El caso importa más allá del chisme de redes porque muestra hasta qué punto el Mundial se convirtió en una plataforma hiperregulada, donde cada aparición pública puede terminar sometida a revisión. Para una figura como Shakibecca, cuya carrera se apoya precisamente en la interpretación y la referencia directa a una estrella global como Shakira, la línea entre homenaje, promoción y uso comercial puede volverse muy delgada. Y para la FIFA, permitir grietas en esa línea sería abrirle la puerta a una avalancha de contenidos que buscan capitalizar el evento sin pasar por caja. En países como Colombia y Estados Unidos, donde el Mundial mueve audiencias masivas, patrocinios, campañas digitales y consumo cultural, este tipo de controversias revela algo más profundo: el fútbol ya no solo se juega en la cancha, también se disputa en el terreno de la propiedad intelectual y el control de la imagen.
Por ahora, la situación se mueve en el terreno de la posible investigación y no de una sanción confirmada. Pero el simple hecho de que una imitadora termine bajo el radar por una presentación promocional dice mucho del nivel de vigilancia que rodea al Mundial 2026. En la era de los virales, las fronteras entre espectáculo y negocio son cada vez más frágiles, y ese es precisamente el tipo de escenario que FIFA intenta blindar antes de que el torneo siquiera comience.




