Barranquilla quema humo en las esquinas mientras crece la alerta por dengue
Imagen: El Tiempo (Colombia)
En Barranquilla y otros puntos del Atlántico se ha vuelto común ver humo en esquinas y parques al amanecer y al atardecer, en medio del aumento de mosquitos tras los aguaceros y el calor. La práctica crece mientras el departamento sigue en alerta por dengue, aunque su efectividad real es discutible.
En Barranquilla, el humo ya forma parte del paisaje de barrio. A las cinco de la mañana y a las cinco de la tarde, vecinos de distintas zonas encienden fogones improvisados en esquinas y parques para ahuyentar a los mosquitos que se multiplicaron con los aguaceros y el calor. La escena, repetida en varios sectores del área metropolitana, refleja una respuesta casera y desesperada frente a una preocupación mucho más seria: el Atlántico sigue en alerta por los casos de dengue.
Según informó El Tiempo (Colombia), la práctica se ha extendido como una medida popular para intentar reducir la presencia de insectos en horas de mayor actividad. En la calle, muchos la defienden porque creen que el humo “limpia” el ambiente y da cierto respiro al caer la madrugada o al final de la tarde, justo cuando los mosquitos atacan con más fuerza. Pero esa costumbre también expone una realidad de fondo: la ciudadanía está improvisando donde debería haber una respuesta sanitaria más estructurada, con control vectorial, eliminación de criaderos y campañas sostenidas de prevención.
El problema no es menor. El dengue encuentra terreno fértil cuando coinciden lluvias, calor y acumulación de agua en patios, recipientes, canales y zonas verdes mal manejadas. En ciudades como Barranquilla, donde la temperatura alta se mantiene gran parte del año, cualquier aumento de las precipitaciones puede disparar la reproducción del mosquito transmisor. Por eso, el humo en las esquinas puede dar una sensación inmediata de alivio, pero no ataca la raíz del brote. Y si no se eliminan los sitios donde se crían los mosquitos, la amenaza sigue viva aunque el barrio huela a fogón al amanecer.
Lo que está pasando en Barranquilla dice mucho sobre la relación entre prevención y abandono. Cuando una comunidad termina recurriendo a remedios visibles pero poco eficaces, suele ser porque siente que la respuesta institucional no alcanza o llega tarde. La alerta por dengue en el Atlántico debería empujar una discusión más seria sobre saneamiento, vigilancia epidemiológica y educación ciudadana. Porque más allá de lo que se quema en las esquinas, lo urgente es cortar el ciclo que permite que el mosquito siga ganando terreno en medio del clima y de la desprotección.



