El humo de los incendios, el enemigo silencioso que más daño causa a la salud
Las sociedades médicas advierten que el humo de los incendios es más peligroso que las llamas para la salud. El riesgo crece para niños, mayores, embarazadas y pacientes crónicos, mientras la salud pública pide dejar de tratar estos episodios como hechos aislados.
Las sociedades médicas en España están enviando una advertencia que debería resonar también fuera del verano ibérico: en los incendios, el mayor peligro para la salud no siempre es el fuego visible, sino el humo que se cuela en pulmones y sangre. Según informó infobae a partir de una nota de EFE, la exposición a esas partículas y gases tóxicos puede agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, con efectos especialmente severos en niños, adultos mayores, embarazadas y personas con padecimientos crónicos.
La Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, SEMES, subraya que la población debe conocer medidas básicas de autoprotección para reducir daños y no saturar aún más a los servicios de emergencia. Entre sus recomendaciones están permanecer en una habitación protegida si el humo bloquea la salida, cerrar puertas y sellar rendijas con paños húmedos; desplazarse agachado o gateando si es imprescindible moverse; y, si la ropa se prende, detenerse, tirarse al suelo y rodar hasta apagar las llamas. En caso de evacuación, el consejo es buscar un lugar seguro y evitar las zonas con humo denso. Si aparecen dificultad para respirar, mareo, dolor en el pecho o confusión, la indicación es pedir atención sanitaria inmediata. Los urgenciólogos también recomiendan limitar la actividad física, incluso a distancia del incendio, y usar mascarillas FFP2, porque las quirúrgicas y los pañuelos no filtran de forma eficaz las partículas suspendidas.
La advertencia médica llega en un contexto que ya no permite leer los incendios forestales como accidentes aislados ni como una simple crisis de temporada. La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, SESPAS, pide poner la salud pública en el centro de la respuesta, con una visión preventiva y no solo reactiva. El trasfondo es conocido y cada vez más preocupante: el cambio climático, la despoblación rural, el abandono de prácticas tradicionales y la acumulación de biomasa están creando condiciones para fuegos más intensos, rápidos y difíciles de controlar. Y ahí está la clave que muchas veces se subestima: aunque el foco del incendio esté lejos, el humo puede viajar, degradar la calidad del aire durante horas o días y golpear a personas que no han visto las llamas pero sí terminan respirándolas.
Los especialistas también insisten en no improvisar ante quemaduras. Para lesiones leves, recomiendan enfriar la zona con agua fría corriente durante varios minutos y evitar remedios caseros como pasta de dientes, aceites o pomadas no médicas. En quemaduras graves, dicen lo contrario de lo que muchos harían por instinto: no aplicar agua y cubrir a la persona con un paño o manta limpia y seca para no agravar la pérdida de calor. El mensaje de fondo es claro: en una emergencia por incendio, saber actuar en los primeros minutos puede marcar la diferencia entre una lesión tratable y una complicación mayor. Y en un escenario de incendios cada vez más extremos, la prevención ya no es un complemento; es parte central de la política sanitaria.


