Tijanóvskaya: la caída de Ucrania abriría la puerta a nuevas presiones rusas

Imagen: El País
Svetlana Tijanóvskaya lanzó en A Toxa una advertencia que va más allá de Bielorrusia: si Ucrania cae, la presión de Moscú se extenderá a más países de la región. La dirigente opositora vincula el futuro de su país con una Rusia debilitada y con la resistencia ucraniana.
Svetlana Tijanóvskaya volvió a poner sobre la mesa una idea incómoda para Europa y para todo el flanco oriental: la guerra en Ucrania no es solo una disputa por territorio, sino una prueba de resistencia frente a la ambición del Kremlin. Desde A Toxa, la líder de la oposición democrática de Bielorrusia advirtió que permitir una derrota de Kiev abriría la puerta a una nueva ronda de presión rusa sobre otros países, incluida Bielorrusia, y planteó la pregunta que hoy atraviesa a las capitales de la región: si Ucrania cae, ¿quién será el siguiente?
La dirigente bielorrusa, convertida desde hace años en una de las principales voces contra Alexander Lukashenko y la dependencia de Minsk respecto de Moscú, defendió que el destino de su país está atado al desenlace de la guerra. Su lectura es clara: una Ucrania debilitada y una Rusia sin contención reforzarían el margen de maniobra del Kremlin para imponer su influencia en el vecindario postsoviético. En ese esquema, Bielorrusia no aparece como un actor neutral, sino como uno de los territorios donde Moscú ha logrado consolidar poder político, militar y estratégico. La advertencia no es retórica: refleja el temor de que la guerra redefina el equilibrio de toda la región durante años.
El planteamiento de Tijanóvskaya encaja con una realidad que Europa ya conoce bien desde 2022. La invasión rusa de Ucrania no solo alteró fronteras y destruyó ciudades; también reactivó viejos miedos en países que han vivido durante décadas bajo la sombra de Moscú. Para la oposición bielorrusa, el éxito de Kiev tiene un valor que trasciende la solidaridad política: representa la posibilidad de frenar la lógica expansionista del Kremlin y de debilitar el sostén que mantiene a Lukashenko en el poder. Por eso su mensaje busca presionar a los gobiernos occidentales para que no normalicen una guerra de desgaste ni se acostumbren a la idea de un conflicto congelado. Si la ayuda a Ucrania se reduce o se fragmenta, la factura no se quedará en el frente oriental; también se sentirá en la seguridad europea, en la estabilidad de los países vecinos y en la capacidad de las fuerzas democráticas bielorrusas para mantener viva su alternativa política.
Lo que dijo Tijanóvskaya en A Toxa resume una preocupación más amplia: la guerra en Ucrania se ha convertido en una línea de defensa para todo el espacio que Rusia considera parte de su esfera de influencia. En otras palabras, no se trata solo de salvar a Kiev, sino de impedir que la derrota de un país abra la puerta a nuevas intimidaciones, nuevas ocupaciones o nuevas subordinaciones. Esa es la lógica que la opositora bielorrusa intenta instalar en la conversación europea: si el Kremlin sale fortalecido, el siguiente capítulo podría escribirse mucho más cerca de lo que muchos imaginan.


