Oregón concentra el golpe de los incendios que ya arrasan más de 700.000 hectáreas en EE.UU.

Imagen: clarin colombia
El oeste de Estados Unidos enfrenta una nueva oleada de incendios forestales que ya ha consumido más de 700.000 hectáreas. Oregón concentra el golpe más duro, con 21 focos activos y casi 134.000 hectáreas arrasadas.
El avance de los incendios forestales en Estados Unidos vuelve a poner al oeste del país bajo una presión extrema: más de 700.000 hectáreas han sido devoradas por el fuego, con Oregón como epicentro de la emergencia. Según informó Clarin Colombia, ese estado registra 21 grandes focos activos y ya suma cerca de 134.000 hectáreas quemadas, una cifra que da dimensión de la velocidad y la magnitud con la que se están propagando las llamas.
La situación no se limita a Oregón. De acuerdo con los datos divulgados, California acumula unas 33.000 hectáreas afectadas, Minesota registra 27.200 y Washington llega a 8.000. Aunque las cifras de esos estados son menores frente al caso de Oregón, el mapa general revela un patrón inquietante: el fuego sigue expandiéndose en varias regiones a la vez, presionando la capacidad de respuesta de las autoridades locales y de los equipos de emergencia que ya operan al límite.
Este episodio no es un hecho aislado ni una simple temporada mala de incendios. En el oeste estadounidense, el aumento de temperaturas, la sequía prolongada y la acumulación de material combustible han convertido cada verano en una prueba para la infraestructura de prevención y contención. Cuando un solo estado concentra decenas de focos activos, el impacto trasciende lo ambiental: hay comunidades evacuadas, cortes de energía, riesgos para la salud por el humo y una carga creciente sobre sistemas de bomberos que muchas veces dependen de recursos federales y estatales para sostener el operativo. Por eso importa lo que ocurre en Oregón: no es solo un dato geográfico, sino una señal de fragilidad en una región que ya vive con incendios cada vez más intensos y menos predecibles.
El efecto de estos incendios también se siente lejos de los bosques arrasados. El humo deteriora la calidad del aire en ciudades enteras, afecta a niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias, y golpea la economía local al paralizar actividades agrícolas, turísticas y de transporte. Si la tendencia continúa, la temporada podría dejar no solo un saldo ambiental severo, sino también nuevas preguntas sobre cuánto está preparado Estados Unidos para enfrentar un fenómeno que dejó de ser excepcional y ya se comporta como una crisis recurrente.



