Veracruz, otra vez bajo sombra: denuncian hostigamiento a periodistas y temen secuestro de Eli Martínez

Imagen: infobae
El asesinato de Luis Ángel López Valdez y las denuncias de hostigamiento contra Eli Martínez vuelven a exponer el clima de riesgo para la prensa en Veracruz. La versión de un ataque armado y presunta persecución policial agrava la alarma en una de las zonas más peligrosas para ejercer el periodismo en México.
La denuncia de un posible secuestro contra el periodista Eli Martínez volvió a encender las alarmas sobre la violencia que enfrenta la prensa en Veracruz, un estado donde informar puede costar la vida. Según informó Infobae, Martínez relató que él y su colega Luis Ángel López Valdez fueron hostigados por policías antes de un ataque armado, del que uno de ellos logró escapar, mientras que López Valdez fue asesinado el pasado 11 de junio con 18 disparos. El caso no solo sacude al gremio periodístico local: también deja en evidencia la fragilidad de las garantías para ejercer el oficio en una de las regiones más castigadas por la impunidad y la violencia criminal en México.
De acuerdo con la información difundida por Infobae, Martínez explicó ante medios de comunicación que ambos reporteros habrían sido perseguidos por agentes policiales, en un episodio que terminó en balacera. La versión del comunicador apunta a una combinación de intimidación institucional y agresión armada, una fórmula especialmente preocupante porque sugiere que el peligro para los periodistas no siempre proviene únicamente del crimen organizado, sino también de autoridades que deberían protegerlos. El antecedente inmediato es la muerte de López Valdez, un hecho que ya había generado indignación entre colegas y defensores de libertad de expresión, y que ahora se reabre con nuevas denuncias sobre el contexto en el que ocurrieron los hechos.
Veracruz arrastra desde hace años una reputación oscura para la prensa: desapariciones, amenazas, asesinatos y desplazamiento forzado de reporteros se han convertido en parte del paisaje de riesgo. Por eso este episodio importa más allá del caso individual. Cuando un periodista denuncia persecución y otro termina asesinado, el mensaje para el resto del gremio es devastador: cubrir temas sensibles puede implicar vigilancia, agresión o muerte. En términos prácticos, esto afecta también a la ciudadanía, porque cada reportero silenciado reduce la posibilidad de que se conozcan abusos, redes de poder y violaciones a derechos humanos que de otro modo quedarían ocultos.
El caso de Eli Martínez y la muerte de Luis Ángel López Valdez exigen algo más que condenas públicas. Lo que está en juego es la capacidad del Estado para investigar con seriedad, identificar a los responsables y frenar la cadena de violencia que sigue golpeando a la prensa mexicana. Mientras eso no ocurra, cada nueva denuncia en Veracruz será leída no como un hecho aislado, sino como parte de un patrón que mantiene a los periodistas trabajando bajo amenaza permanente.


