Estados Unidos

Niños y adolescentes obsesionados con el músculo: una тревога que crece temprano

Hace 14 horas
Niños y adolescentes obsesionados con el músculo: una тревога que crece temprano

Imagen: BBC Mundo

La obsesión por ganar músculo ya no es patrimonio de los gimnasios adultos: cada vez más niños y adolescentes llegan preocupados por su tamaño corporal, según advierte el especialista Roberto Olivardia. El fenómeno revela una presión estética temprana alimentada por redes sociales, estereotipos y ansiedad corporal.

La preocupación por “verse fuerte” se está instalando cada vez más temprano entre niños y adolescentes, al punto de que especialistas en trastornos de la imagen corporal ya reciben consultas de pacientes de apenas 10 años angustiados por sus músculos. Roberto Olivardia, experto citado por BBC Mundo, advierte que esta obsesión no es un capricho pasajero: es una señal de cómo la cultura visual, las redes sociales y los modelos de masculinidad han desplazado el foco desde la salud hacia el tamaño y la apariencia física.

El fenómeno se expresa en rutinas de ejercicio cada vez más intensas, dietas restrictivas y una vigilancia constante del espejo o de la cámara del celular. En lugar de preocuparse por correr más rápido, dormir mejor o jugar con más energía, muchos menores comienzan a medir su valor en función de cuánto músculo tienen o cuánto les falta para parecerse a los cuerpos que consumen en internet. Según explica Olivardia, este tipo de fijación puede ser el inicio de problemas más amplios de imagen corporal, ansiedad y conductas alimentarias desordenadas, especialmente cuando los mensajes externos refuerzan la idea de que ser delgado o no estar “marcado” equivale a debilidad.

Lo inquietante es que esta tendencia no surge en el vacío. Durante años, la conversación pública sobre salud infantil se centró en combatir el sedentarismo y la obesidad, pero dejó en segundo plano otro riesgo: la presión por alcanzar un ideal físico imposible y precoz. Hoy, esa presión se amplifica en redes donde abundan cuerpos editados, rutinas de transformación extrema y discursos que venden disciplina como si fuera sinónimo de valor personal. Para un niño o un adolescente, ese entorno puede ser especialmente dañino porque su identidad todavía está en formación y la comparación constante se vuelve una brújula emocional. En Estados Unidos y en países como Colombia, donde el acceso a plataformas digitales crece desde edades cada vez más tempranas, el problema ya no puede leerse solo como una cuestión individual, sino como un síntoma cultural.

El impacto va más allá del gimnasio o del cuarto donde muchos jóvenes entrenan en secreto. Cuando un menor empieza a obsesionarse con su masa muscular, también cambia su relación con la comida, el descanso, la escuela y hasta sus vínculos sociales. El mensaje de fondo es claro y preocupante: una generación entera está aprendiendo demasiado pronto que el cuerpo debe corregirse, optimizarse y exhibirse. Y cuando esa idea se instala a los 10 o 12 años, el costo no es solo físico; también es psicológico y puede acompañarlos durante mucho tiempo.

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