Ginebra estalla antes del G7: protestas, vandalismo y choque con la policía
Imagen: infobae mundo
Las protestas contra el G7 desbordaron el centro de Ginebra y terminaron en disturbios, vandalismo y choques con la policía, en la antesala de la cumbre que arranca en Évian. El operativo de seguridad ya mostraba que la tensión iba mucho más allá de una simple marcha.
Las protestas contra la cumbre del G7 dejaron una postal inquietante en Ginebra: disturbios, daños a la propiedad y enfrentamientos con la policía en una ciudad que, aunque no será sede formal del encuentro, quedó atrapada en el perímetro político y de seguridad del evento. Según informó infobae mundo, las autoridades habían desplegado un amplio operativo preventivo antes de la llegada de los líderes mundiales que se reunirán desde este lunes en la vecina ciudad francesa de Évian, una señal de que el riesgo de desborde era una posibilidad real y no una exageración protocolaria.
El despliegue de fuerzas de seguridad no fue casual. En estos escenarios, cualquier cumbre del G7 suele concentrar no solo a jefes de Estado y delegaciones diplomáticas, sino también a organizaciones, colectivos y activistas que aprovechan la visibilidad internacional para denunciar desigualdad, guerra, crisis climática y el peso de las grandes potencias en la economía global. Lo ocurrido en Ginebra confirma que el malestar contra estas reuniones no se limita a los discursos: también se expresa en la calle, con acciones que pueden pasar de la protesta al enfrentamiento en cuestión de minutos. Para las autoridades suizas y francesas, el desafío es doble: blindar la cumbre y evitar que la respuesta policial termine amplificando el conflicto.
El episodio también revela algo más profundo: la distancia creciente entre las agendas de los gobiernos y el estado de ánimo de una parte de la ciudadanía en Europa y en otras regiones del mundo. El G7 sigue siendo una cita de alto valor simbólico, pero cada vez carga con más cuestionamientos sobre su legitimidad, su capacidad real para atender crisis sociales y su impacto sobre la vida cotidiana de millones de personas. En ciudades como Ginebra, acostumbradas a albergar organismos internacionales y movilizaciones, la combinación de diplomacia, protesta y seguridad suele convertirse en una prueba de resistencia para el espacio público. Y cuando esa tensión se desborda, el costo no lo pagan solo los gobiernos: también lo sienten comerciantes, vecinos, transportistas y trabajadores que quedan atrapados entre el operativo policial y la calle en ebullición.
La cumbre en Évian arranca así bajo una advertencia clara: el G7 no solo debe discutir economía, seguridad o geopolítica, sino también enfrentar el clima de desconfianza que lo rodea. Lo ocurrido en Ginebra es más que un incidente aislado; es el recordatorio de que, en tiempos de polarización y malestar social, cada reunión de poder global se convierte también en un campo de batalla simbólico. Y eso obliga a los gobiernos a responder no solo con vallas y patrullas, sino con señales políticas capaces de demostrar que escuchan a quienes protestan fuera de los salones donde se toman las decisiones.



