Terremoto en Colombia pone a prueba al gobierno de Abelardo de la Espriella

Imagen: clarin colombia
El sismo que sacudió a Colombia obligó al gobierno de Abelardo de la Espriella a activar, a solo tres días de su llegada al poder, su primera prueba de fuego. La Casa de Nariño convocó un comité de emergencia y prometió presencia estatal en las zonas afectadas.
El gobierno de Abelardo de la Espriella enfrentó este lunes su primer gran examen político y administrativo apenas tres días después de asumir: un terremoto en Colombia que dejó daños materiales y activó de inmediato la maquinaria de emergencia del Ejecutivo. La respuesta fue rápida en el plano simbólico y operativo: se convocó un comité para coordinar la atención de la crisis y el mandatario tenía previsto viajar a las zonas afectadas, en un intento por mostrar control en medio de la incertidumbre.
Según informó Clarín Colombia, desde la Casa de Nariño se insistió en que el Estado ya estaba movilizado para atender a las comunidades golpeadas por el sismo. Esa señal busca transmitir algo más que calma: pretende instalar la idea de que el nuevo gobierno no quedó paralizado por la magnitud del evento. En contextos como este, la velocidad de reacción pesa tanto como los recursos disponibles. La coordinación entre autoridades locales, organismos de socorro y el nivel central será decisiva para medir si la respuesta se queda en anuncios o se traduce en asistencia real para quienes perdieron viviendas, infraestructura o acceso a servicios básicos.
La crisis llega en el peor momento posible para un presidente recién posesionado, porque obliga a abandonar el relato de instalación del poder y a pasar de inmediato a la gestión de una emergencia nacional. En Colombia, donde los sismos recuerdan la fragilidad de la infraestructura y la desigualdad territorial, cada minuto de respuesta puede definir la percepción pública sobre la capacidad del Estado. No se trata solo de reparar daños: también importa prevenir réplicas, garantizar albergues, restablecer comunicaciones y evitar que la tragedia se convierta en una cadena de desinformación y abandono institucional. En ese escenario, la frase oficial de que el Estado “está presente y actuando” será puesta a prueba por los hechos.
Para la población afectada, el viaje del presidente y la convocatoria del comité no son gestos menores: representan la expectativa de que la ayuda llegue antes que el desgaste político. Lo que ocurra en las próximas horas marcará el tono de esta administración naciente. Si la respuesta funciona, el gobierno podrá convertir la emergencia en una demostración temprana de autoridad. Si falla, el terremoto no solo habrá movido la tierra: también podría sacudir la credibilidad de un mandatario que aún está estrenando poder.


