Thomas Greg & Sons lleva a la Fiscalía una denuncia por presunto sabotaje al escrutinio
Imagen: El Tiempo - Política
Thomas Greg & Sons llevó a la Fiscalía una denuncia penal contra Luis Guillermo Pérez por una presunta estrategia para sabotear el escrutinio presidencial. La empresa sostiene que se difundieron señalamientos de fraude sin sustento y pide que se investiguen posibles delitos.
Thomas Greg & Sons elevó el tono de su disputa con Luis Guillermo Pérez y acudió a la Fiscalía con una denuncia penal en la que lo señala por una presunta estrategia orientada a sabotear el escrutinio presidencial. La empresa, de acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, sostiene que durante el proceso se difundieron acusaciones de fraude sin sustento y que esa conducta pudo cruzar la línea de la crítica política hacia un terreno que amerita investigación penal. El movimiento no es menor: pone en el centro una discusión delicada sobre la confianza electoral, la responsabilidad de quienes denuncian irregularidades y el impacto que tienen esas acusaciones cuando se lanzan sin pruebas sólidas.
Según la información divulgada por el medio, Thomas Greg & Sons pidió formalmente a la Fiscalía que revise si detrás de esos señalamientos hubo posibles delitos. La empresa no solo cuestiona la veracidad de las denuncias que circularon, sino que además plantea que la difusión de versiones sobre fraude habría obedecido a una estrategia con efectos concretos sobre el desarrollo del escrutinio presidencial. En otras palabras, la compañía busca que el caso no se lea como una simple controversia discursiva, sino como una actuación que podría haber interferido en una fase decisiva del conteo y validación de votos, uno de los momentos más sensibles de cualquier elección.
El trasfondo político de esta denuncia es evidente. En Colombia, el escrutinio presidencial no es un trámite técnico cualquiera: es la etapa en la que se revisan, consolidan y validan resultados que terminan definiendo la legitimidad de la elección. Por eso, cualquier señalamiento de fraude tiene consecuencias que van más allá del ruido mediático. Si se demuestra que hubo acusaciones infundadas lanzadas con intención de alterar la percepción pública o presionar el proceso, el costo institucional sería alto. Pero también hay una alerta en sentido contrario: en un país donde la desconfianza electoral suele crecer con rapidez, criminalizar denuncias puede tensar todavía más el debate sobre transparencia. Esa es precisamente la tensión que deja este caso y la razón por la cual la Fiscalía tendrá que revisar no solo el contenido de las denuncias, sino también el contexto en que fueron presentadas y amplificadas.
El caso termina poniendo sobre la mesa una pregunta de fondo que Colombia no debería seguir esquivando: cómo distinguir entre una denuncia legítima de irregularidades y una maniobra para erosionar la credibilidad de un proceso electoral. En un escenario de polarización, esa frontera se vuelve cada vez más difusa, y el daño no lo pagan solo las partes enfrentadas en tribunales o en los medios. Lo paga el votante común, que termina recibiendo mensajes contradictorios sobre si su elección fue limpia o no. Por eso, más allá de este pulso entre Thomas Greg & Sons y Luis Guillermo Pérez, lo que está en juego es algo más grande: la confianza pública en las urnas y en las instituciones encargadas de custodiarla.




