Fuga de alias 'Tito' tensiona la paz con Comuneros del Sur, pero el Gobierno no se baja
Imagen: El Tiempo - Política
La fuga de alias 'Tito' golpeó la confianza en la negociación con Comuneros del Sur, pero el Gobierno no ha cerrado la puerta. La ZUT, pieza clave del proceso, sigue paralizada por la falta de acuerdos jurídicos y de seguridad.
La fuga de alias 'Tito' volvió a poner bajo presión la apuesta del Gobierno por la paz con Comuneros del Sur, pero no la enterró. Aunque el episodio dejó una señal incómoda para la mesa, el Ejecutivo insiste en sostener el proceso y evitar que un tropiezo operativo termine convirtiéndose en una ruptura política de mayores proporciones, según informó El Tiempo - Política.
El problema de fondo es que la desconfianza ya no solo viene de la salida de uno de los nombres más sensibles del proceso, sino del atraso en la puesta en marcha de la ZUT, un mecanismo que debía servir como soporte concreto para que la negociación pasara del anuncio a los hechos. Hoy ese componente sigue sin arrancar porque no existen aún los acuerdos jurídicos ni de seguridad necesarios para activarlo. En la práctica, eso significa que la paz sigue dependiendo más de la voluntad política que de una arquitectura sólida capaz de resistir crisis como la que provocó la fuga.
Y ahí está la señal más importante de esta historia: el Gobierno mantiene la apuesta, pero el andamiaje institucional sigue incompleto. En Colombia, los procesos con actores armados suelen naufragar no solo por la violencia, sino por la mezcla de ambigüedad jurídica, fallas en los mecanismos de verificación y debilidad en los controles territoriales. Cuando esos tres elementos no están resueltos, cualquier incidente —una fuga, un incumplimiento, una disputa interna— se convierte en una prueba de fuego. Por eso la ZUT no es un detalle técnico: es la diferencia entre una negociación que se sostiene y otra que queda atrapada en la improvisación.
Lo que ocurre con Comuneros del Sur importa más allá de esta mesa puntual. En un país donde la promesa de paz ha chocado repetidamente con la realidad territorial, cada atraso alimenta el escepticismo de las comunidades que viven entre la guerra, el control armado y la ausencia estatal. Si el Gobierno logra blindar jurídicamente el proceso y cerrar las brechas de seguridad, todavía podría rescatar credibilidad. Pero si la ZUT sigue congelada y las fugas o incumplimientos se repiten, la señal que quedará no será la de una transición ordenada, sino la de otro intento de paz debilitado antes de empezar.



