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El legado de Francisco de la Torre divide a Málaga entre modernización y pérdida de identidad

Hace 3 horas

Francisco de la Torre convirtió a Málaga en un polo cultural y tecnológico, pero su legado ya divide a la ciudad. Mientras unos lo celebran como el arquitecto del cambio, otros lo acusan de haber encarecido la vida y diluido su identidad.

Francisco de la Torre ha dejado una marca profunda en Málaga: bajo su largo mandato, la antigua ciudad portuaria pasó de ser vista como un enclave discreto del sur de España a posicionarse como un destino cultural, tecnológico y turístico de primer nivel. A sus 80 años, el alcalde conservador es señalado por sus aliados como el principal impulsor de esa transformación urbana y económica, pero también enfrenta una crítica cada vez más incómoda: para una parte de los malagueños, el progreso llegó con un costo demasiado alto.

De acuerdo con el panorama descrito por clarin colombia, el balance de su gestión está lejos de ser unánime. Sus defensores le atribuyen haber modernizado la ciudad, atraer inversión, consolidar museos, dinamizar la economía local y colocar a Málaga en el mapa europeo de las ciudades que combinan innovación y calidad de vida. Sus detractores, en cambio, sostienen que ese modelo terminó acelerando la presión inmobiliaria, encareciendo el acceso a la vivienda y empujando a vecinos de toda la vida fuera de sus barrios, mientras el centro histórico se volvía cada vez más dependiente del turismo.

El caso de Málaga resume un dilema que ya atraviesa muchas ciudades en Europa y también en América: cómo crecer sin perder el carácter propio, cómo atraer capital sin convertir el espacio urbano en un producto y cómo medir el éxito de una administración más allá de las cifras de inversión o visitantes. Lo que para unos es regeneración, para otros es gentrificación. Y esa tensión no es menor, porque afecta de forma directa la vida cotidiana: el costo del alquiler, el acceso a servicios, la composición social de los barrios y la sensación de pertenencia a una ciudad que, para muchos residentes, ya no se reconoce en el espejo.

La discusión sobre de la Torre no es solo la de un alcalde longevo que ha permanecido demasiado tiempo en el poder. Es también la de una ciudad que se pregunta si el desarrollo que celebró durante años terminó por desplazar aquello que le daba identidad. Málaga aparece así como un caso de estudio incómodo: una urbe que ganó prestigio y visibilidad, pero que ahora debe responder si ese salto la hizo más habitable para sus vecinos o solo más rentable para el mercado inmobiliario y turístico.

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