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Trump presiona a Rusia por Ucrania y marca distancia con Netanyahu en el G7

Hace 4 horas

Donald Trump aprovechó la cumbre del G7 en Francia para presionar a Rusia a negociar una salida con Ucrania y endurecer el tono contra Benjamin Netanyahu por los bombardeos en Líbano. Su mensaje lo mostró tratando de reposicionarse como mediador en una agenda internacional cada vez más explosiva.

Donald Trump volvió a colocarse en el centro de la escena internacional en la cumbre del G7, esta vez con un mensaje doble: exigió que Rusia avance hacia un acuerdo con Ucrania y, al mismo tiempo, lanzó críticas frontales contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por mantener los ataques sobre Líbano. El intercambio con Volodimir Zelenski, ocurrido al margen del encuentro en Francia, dejó ver que la guerra en Europa sigue siendo una prioridad para la Casa Blanca, pero también que el conflicto en Medio Oriente no ha salido de la mesa de urgencias de Washington. En medio de una agenda marcada por la tensión global, Trump buscó mostrarse como un actor capaz de empujar acuerdos, aunque no necesariamente desde la diplomacia tradicional.

Según informó Clarín Colombia, el presidente estadounidense sostuvo una conversación con Zelenski durante la cumbre, en la que insistió en que Moscú debe avanzar hacia una salida negociada con Kiev. Ese mensaje llega en un momento delicado: la guerra entre Rusia y Ucrania se ha prolongado más de lo que la Casa Blanca y sus aliados esperaban, con un desgaste militar y político que golpea a Europa, reordena la seguridad global y mantiene bajo presión a los mercados energéticos y alimentarios. En paralelo, Trump elevó el tono frente a Netanyahu por la ofensiva sobre Líbano, una señal poco habitual en un mandatario estadounidense que históricamente ha dado amplio respaldo a Israel. La crítica revela que el equilibrio regional también se le está moviendo a Washington, especialmente después del alto el fuego alcanzado con Irán, que parecía abrir una ventana para bajar la temperatura en Medio Oriente.

Lo que está en juego no es solo una serie de declaraciones en una cumbre internacional. Trump intenta capitalizar la imagen de negociador en un escenario donde las guerras se han convertido en la principal prueba de liderazgo para cualquier presidente de Estados Unidos. Su presión sobre Rusia busca mostrar firmeza frente a Vladimir Putin, pero también contiene un mensaje hacia sus propios aliados: la guerra en Ucrania no puede seguir administrándose indefinidamente como un conflicto congelado. Y sus reparos frente a Netanyahu sugieren que la paciencia de Washington podría tener límites incluso con socios tradicionales, sobre todo si las acciones militares amenazan con expandir la inestabilidad regional. Para Ucrania, la señal importa porque cualquier impulso de diálogo depende del respaldo estadounidense; para Líbano, porque los bombardeos siguen deteriorando una frontera ya frágil; y para el resto del mundo, porque cada movimiento de Trump confirma que la política exterior de Estados Unidos sigue siendo, hoy como ayer, un factor capaz de alterar el tablero completo.

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