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Rusia rompe la tregua y vuelve a golpear Kiev con misiles y drones

Hace 3 horas

Rusia reanudó su ofensiva contra Kiev con misiles y drones apenas horas después de expirar el cese de ataques de tres días. El saldo preliminar es de al menos dos muertos y daños en edificios residenciales e infraestructura civil, según autoridades ucranianas.

La tregua de tres días en los ataques entre Moscú y Kiev terminó y, casi de inmediato, Rusia volvió a golpear la capital ucraniana con misiles y drones durante la madrugada, en una ofensiva que dejó al menos dos muertos y nuevos daños sobre zonas residenciales. El ataque ocurrió pocas horas después de vencido el cese acordado, en un momento especialmente sensible por la gira de los emisarios de Donald Trump en el entorno diplomático de la guerra.

De acuerdo con las autoridades ucranianas, los proyectiles alcanzaron edificios de vivienda y otras infraestructuras civiles en Kiev, lo que volvió a exponer la vulnerabilidad de la población urbana en una guerra que ya no se limita al frente militar sino que castiga de forma recurrente a la vida cotidiana. Las alertas aéreas se activaron durante la madrugada y los equipos de emergencia tuvieron que responder a incendios, escombros y daños materiales en varias zonas de la ciudad, en una dinámica que Ucrania denuncia como parte de la estrategia rusa de presión sobre la retaguardia.

El momento del bombardeo no es un dato menor. Que el ataque se produzca justo después de la expiración del cese y en medio de movimientos diplomáticos vinculados al equipo político de Trump sugiere que el Kremlin no está dispuesto a aflojar la presión militar mientras se reconfiguran los canales de negociación. En la práctica, Rusia manda un mensaje doble: hacia Kiev, que no habrá respiro real sin concesiones; y hacia Washington, que cualquier intento de encaminar una salida negociada seguirá atravesado por el hecho duro de la guerra sobre el terreno. Para la población civil ucraniana, el efecto es más inmediato y brutal: cada ventana de calma puede cerrarse en cuestión de horas.

Lo ocurrido en Kiev también recuerda que los ceses temporales, cuando no vienen acompañados de garantías verificables y compromisos claros, sirven poco más que como pausas tácticas. En un conflicto que ya reordenó la seguridad europea y mantiene en tensión a Occidente, cada nuevo ataque erosiona la confianza en una desescalada real y prolonga la incertidumbre para millones de personas. Mientras los emisarios negocian y las capitales miden sus posiciones, la guerra sigue resolviéndose donde más duele: en las calles, los edificios y las vidas de los civiles.

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