Colombia

La muerte de ‘Bendito Menor’ no cierra el riesgo: La Guajira podría entrar en disputa criminal

Hace 1 hora

La muerte de Naín Pérez, alias ‘Bendito Menor’, no cierra el capítulo criminal en La Guajira: puede abrir uno peor. Un experto advierte que el golpe no desactiva su estructura y que el verdadero riesgo es la pelea por el control del territorio y sus rentas ilegales.

La muerte de Naín Pérez, conocido como ‘Bendito Menor’, no significa el fin de la amenaza criminal en La Guajira; por el contrario, podría abrir una etapa más incierta y violenta por el control del territorio y de las rentas ilegales que allí circulan. Esa es la alerta que dejó Lerber Dimas, quien considera que la caída de este jefe no desmantela automáticamente la estructura que ayudó a consolidar y que, en escenarios como el de la costa norte colombiana, los vacíos de poder suelen resolverse a sangre y fuego.

Según informó El Tiempo (Colombia), Dimas insiste en que el golpe contra Pérez no debe interpretarse como una victoria definitiva del Estado, porque las economías criminales que operan en La Guajira no dependen de una sola figura. En esa región confluyen intereses armados, redes de contrabando, cobros extorsivos y control de corredores estratégicos, una combinación que convierte cada captura o muerte de un cabecilla en un posible reordenamiento, no en una desmovilización. El problema, en otras palabras, no es solo quién cae, sino quién ocupa su lugar.

El caso revela una realidad que las autoridades suelen subestimar: cuando un grupo criminal pierde a su líder, no desaparece de inmediato; cambia de manos, se fractura o entra en disputa con otros actores que esperan la oportunidad para quedarse con el negocio. En La Guajira, eso puede traducirse en una escalada de homicidios selectivos, retaliaciones y mayor presión sobre comunidades que ya viven entre la precariedad institucional y la presencia de economías ilegales. Por eso Dimas pide anticiparse a lo que puede venir, antes de que la disputa por las rentas ilícitas se convierta en una guerra abierta por el control del departamento.

La advertencia no es menor. La Guajira, por su ubicación fronteriza y su histórica debilidad institucional, ha sido terreno fértil para estructuras que se adaptan con rapidez y se alimentan de la ausencia del Estado. Si las autoridades no actúan sobre las redes financieras, logísticas y armadas que sostienen estos grupos, el reemplazo de un jefe por otro terminará siendo apenas un cambio de nombre en una economía criminal que sigue funcionando. Para la población civil, el riesgo es claro: más violencia, más miedo y menos margen para que la ley recupere el control real del territorio.

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