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Ponferrada decreta tres días de luto tras la riada que dejó dos muertes y pueblos aislados

Hace 1 hora

Ponferrada guardará tres días de luto por la riada que dejó dos mujeres muertas y cinco heridos en la comarca de El Bierzo. Mientras las autoridades prometen ayuda, varios pueblos siguen aislados y los vecinos empiezan a limpiar entre barro, piedras y dolor.

Ponferrada vivirá tres días de luto oficial tras la riada que golpeó con fuerza la comarca de El Bierzo y dejó dos mujeres muertas en Manzanedo de Valdueza, además de cinco personas heridas y varios pueblos incomunicados por carretera. La decisión, adoptada por el alcalde Marco Morala, busca honrar a las víctimas y acompañar a una comunidad que ahora enfrenta no solo la pérdida humana, sino también un nuevo golpe material en plena temporada de tormentas intensas.

Según informó el servicio de emergencias 1-1-2, las víctimas mortales eran dos mujeres de unos 60 años. La riada también provocó lesiones a dos hombres de 60 y 70 años, una mujer de 30 y dos menores de edad: una bebé de tres meses y un niño de cuatro años. Cuatro de los heridos fueron trasladados al Hospital del Bierzo, en Ponferrada, mientras que otra persona recibió atención en Manzanedo y fue dada de alta. Las administraciones públicas han prometido apoyo para acelerar la recuperación, con especial atención al estado de las vías de acceso en Carracedo de Compludo, Peñalba de Santiago y Manzanedo de Valdueza, donde el paso de vehículos quedó interrumpido por los daños dejados por el agua.

Lo ocurrido en El Bierzo vuelve a poner sobre la mesa una realidad que en España ya no puede tratarse como excepcional: el aumento de episodios meteorológicos extremos y su impacto directo sobre zonas rurales con infraestructura frágil. Una tormenta intensa bastó para arrasar calles, arrastrar piedras y ramas, inutilizar carreteras y dejar a familias enteras dependiendo de la solidaridad vecinal en los primeros minutos críticos. En ese contexto, el valor de los servicios de emergencia y de los cuerpos de seguridad fue reconocido por las instituciones, pero también quedó expuesta la vulnerabilidad de pueblos pequeños que, cuando cae una tromba de agua, quedan a merced del aislamiento.

En Manzanedo de Valdueza, el paisaje es el de una emergencia todavía en curso: barro en los accesos, vehículos semienterrados, limpieza improvisada con palas y cepillos y vecinos tratando de recuperar algo de normalidad mientras procesan la tragedia. La escena resume bien el momento que vive la comarca: primero fue el fuego el año pasado, ahora el agua. Y entre ambos extremos, una población que vuelve a comprobar que vivir en el medio rural implica también cargar con una exposición mayor a desastres que pueden dejar secuelas durante semanas o meses, no solo en las calles, sino en la memoria de quienes lo pierden todo de un día para otro.

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