Colombia

Cali enfrenta crisis de salud mental tras el terremoto de agosto

Hace 13 horas

Tres meses después del terremoto del 10 de agosto en Cali, la emergencia ya no solo se mide en casas dañadas y muertos: también en una crisis de salud mental que ha llevado a casi 60.000 personas a pedir atención. El impacto atraviesa más de 43.000 hogares damnificados y mantiene abierta la herida social.

Tres meses después del terremoto del 10 de agosto, Cali sigue cargando una emergencia que no terminó cuando se apagaron las alarmas: la de la salud mental. Según informó El Tiempo (Colombia), casi 60.000 personas han solicitado consultas de apoyo emocional, una cifra que evidencia que el sismo dejó una secuela silenciosa y masiva entre los habitantes de la ciudad, especialmente en los más de 43.000 hogares reportados como damnificados.

La magnitud del impacto humano es difícil de exagerar. No se trata únicamente de viviendas afectadas o infraestructura dañada, sino de familias enteras que quedaron atravesadas por el duelo, el miedo y la incertidumbre. En ese panorama, las 155 vidas perdidas siguen siendo la cifra más dolorosa, pero no la única. La demanda creciente por atención psicológica muestra que, para miles de personas, el terremoto sigue ocurriendo todos los días en forma de ansiedad, insomnio, crisis de pánico y trauma acumulado.

Este tipo de emergencia suele revelar lo que muchas veces queda fuera de los balances oficiales: después de un desastre natural, la reconstrucción material puede avanzar más rápido que la recuperación emocional. Y ahí está el desafío para las autoridades locales y nacionales. Si decenas de miles de personas están pidiendo ayuda, no basta con respuestas puntuales ni con atención de corto plazo. Se necesita una política sostenida de salud mental, con capacidad real para llegar a los barrios más golpeados, priorizar a niños, adultos mayores y familias que lo perdieron todo, y evitar que el trauma se cronifique.

Lo que pasa en Cali también deja una lección más amplia para Colombia: los desastres no terminan con el conteo de víctimas ni con la entrega de ayudas básicas. La verdadera magnitud se conoce después, cuando las comunidades intentan volver a la rutina y descubren que el temblor siguió adentro. Tres meses más tarde, la ciudad no solo enfrenta una reconstrucción física, sino una reconstrucción emocional que exigirá tiempo, recursos y una respuesta estatal mucho más profunda que la que suelen admitir las cifras oficiales.

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