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Trump eleva la presión sobre Irán y pone en la mira el estrecho de Ormuz

Hace 23 horas

Donald Trump volvió a escalar la presión sobre Irán al sugerir que Estados Unidos podría cobrar peajes en el estrecho de Ormuz si no hay un acuerdo final en 60 días. La advertencia toca una de las rutas más sensibles del petróleo mundial y podría repercutir en los precios de la energía.

Donald Trump abrió la puerta a una medida que, de concretarse, tendría efectos mucho más allá de la disputa con Teherán: la posibilidad de imponer peajes en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta. El presidente norteamericano dejó claro, según informó infobae mundo, que el acuerdo con Irán contempla la libre circulación sin cobros, pero advirtió que si la negociación se rompe y no hay un entendimiento definitivo en 60 días, Washington podría cambiar de tono y convertir el paso por esa franja en una herramienta de presión política y financiera.

La señal no es menor porque Ormuz es una arteria crítica para el comercio global de energía. Por ese estrecho transita una porción decisiva del petróleo que sale de Medio Oriente hacia Asia, Europa y también el mercado estadounidense, lo que significa que cualquier alteración en su funcionamiento golpea de inmediato la estabilidad de los precios internacionales. Trump sostuvo además que, si esa eventual medida se aplicara, el dinero recaudado se destinaría a compensar los “servicios prestados” por Estados Unidos como una especie de protector regional para los países de Oriente Medio. En otras palabras, la Casa Blanca está planteando el cobro no solo como una sanción, sino como una factura geopolítica por el despliegue militar y la vigilancia que Washington ha sostenido durante años en esa zona.

El fondo de esta movida es más amplio que una disputa bilateral. Trump intenta elevar el costo de la resistencia iraní y, al mismo tiempo, mandar un mensaje a sus aliados en la región: Estados Unidos no está dispuesto a seguir cargando con el peso de la seguridad marítima sin exigir contraprestaciones. Pero la amenaza también revela la fragilidad del tablero energético internacional. Si Irán queda acorralado y responde con represalias en el Golfo Pérsico, el impacto podría sentirse en las gasolineras de Estados Unidos y en economías como la colombiana, donde el precio del petróleo y los combustibles sigue siendo un termómetro sensible para la inflación, el transporte y el bolsillo de los hogares. La sola posibilidad de restringir o encarecer el tránsito por Ormuz introduce una dosis adicional de incertidumbre en un mercado que ya opera con nerviosismo por los conflictos en la región.

En el plano político, la advertencia también funciona como una jugada de negociación: Trump endurece el discurso para intentar arrancar concesiones antes de que venza el plazo de 60 días. Pero el riesgo es evidente. Convertir una ruta internacional en escenario de cobro o castigo puede abrir una controversia legal y diplomática de grandes proporciones, además de empujar a otros actores a buscar rutas alternativas o a responder con medidas simétricas. En definitiva, la amenaza sobre Ormuz no debe leerse como una simple provocación retórica: es una muestra de cómo la tensión con Irán sigue siendo capaz de alterar el equilibrio energético global y de recordar que una decisión tomada en Washington puede terminar afectando el valor de la gasolina en ciudades tan distantes como Miami, Bogotá o Barranquilla.

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