Kiev instala redes antidrones por primera vez para proteger sus puentes

Imagen: El País
Kiev ha empezado a cubrir su infraestructura con redes antidrones por primera vez, una señal clara de que la guerra se acerca cada vez más al corazón político de Ucrania. La malla fue instalada en el puente Norte tras varios ataques rusos recientes contra la capital.
Kiev ha dado un paso inédito en su defensa urbana: por primera vez instaló redes antidrones sobre una infraestructura clave de la capital para intentar frenar ataques rusos. La medida, aplicada en el puente Norte, refleja cómo la guerra ha obligado a Ucrania a trasladar a su capital protecciones que hasta ahora se veían sobre todo en localidades cercanas al frente.
La decisión llega después de que tropas del Kremlin atacaran en los últimos días uno de los cuatro puentes de la ciudad, en una ofensiva que vuelve a poner bajo presión la retaguardia ucraniana. Según informó El País, la malla colocada en el puente Norte busca dificultar el paso de drones y reducir el riesgo sobre una infraestructura estratégica para la movilidad dentro de Kiev y para el funcionamiento cotidiano de la ciudad.
El gesto no es menor. La instalación de estas redes en la capital confirma que Ucrania ya no habla solo de defender líneas de combate en el este o el sur, sino también de proteger nodos urbanos esenciales que pueden paralizar la vida civil si quedan expuestos. En una guerra donde los drones se han convertido en una de las armas más usadas por Rusia, blindar puentes, vías y accesos empieza a ser una cuestión de supervivencia urbana, no solo militar. Para los habitantes de Kiev, esto significa vivir con una amenaza más visible y constante, y para el gobierno ucraniano, admitir que incluso la capital necesita barreras físicas adicionales frente a una guerra que no da tregua.
La imagen es potente porque resume el momento del conflicto: Ucrania improvisa, adapta y endurece su defensa mientras Rusia insiste en golpear objetivos con valor simbólico y práctico. Si la ofensiva sobre Kiev se mantiene, no sería extraño que otras infraestructuras críticas sigan el mismo camino y que la capital, antes pensada como un espacio relativamente resguardado, termine pareciéndose cada vez más a una ciudad de primera línea.



