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Alejandro Sanz convierte Madrid en un canto a las canciones que no pasan de moda

Hace 21 horas

Alejandro Sanz llenó el Metropolitano de Madrid con un concierto centrado en sus canciones más duraderas y un mensaje de gratitud hacia su ciudad. El espectáculo confirmó que, en plena era del consumo rápido, todavía hay público masivo para un repertorio que resiste el paso del tiempo.

Alejandro Sanz volvió a jugar en casa y lo hizo con una declaración de principios: en un estadio Metropolitano abarrotado, el cantante madrileño defendió la vigencia de las canciones que sobreviven a las modas, a los algoritmos y al vértigo de la industria musical. Ante cerca de 50.000 personas, el artista ofreció este sábado un concierto de dos horas en el que combinó emoción, oficio y una lectura muy clara de su propio legado: todavía hay espacio para la música hecha para durar. El recital llegó apenas seis días después de que Bad Bunny cerrara en ese mismo recinto una residencia multitudinaria que había convertido al Metropolitano en uno de los grandes centros de la conversación musical en España.

El arranque fue directo, sin artificios innecesarios. Sanz abrió la noche con Desde cuándo y enseguida se dirigió a una audiencia que todavía terminaba de entrar al estadio, atrapada en los accesos y en el tráfico de los alrededores. El calor, superior a los 30 grados, no impidió que miles de asistentes acompañaran un repertorio que recorrió buena parte de sus 14 discos de estudio. Con una banda reducida, sin artistas invitados y una puesta en escena sobria, el concierto apostó por lo esencial: canciones como Por bandera, Bésame, A la primera persona, Mi soledad y yo, El vino de tu boca, Quisiera ser, Hoy no me siento bien, Amiga mía, Mi marciana y Deja que te bese fueron apareciendo como piezas de un mismo relato, el de un músico que ha aprendido a sostener un gran escenario sin depender del exceso.

Más allá del repertorio, el valor de la noche estuvo en el contexto. Sanz, que arrancó su gira ¿Y ahora qué? en febrero en Colombia y la ha llevado después por varios países de Latinoamérica y ciudades de Estados Unidos, regresó a España en plena mitad de un recorrido que cerrará el 24 de julio en Fuengirola. Su parada en Madrid no fue solo una escala más: fue una confirmación de que el circuito de grandes conciertos en español ya no se entiende sin el cruce entre América Latina, Estados Unidos y España, tres mercados que hoy sostienen la rentabilidad y la visibilidad de las giras masivas. En ese mapa, un artista como Sanz sigue ocupando un lugar singular: el de quienes construyeron su carrera en la era del disco físico y ahora compiten, sin perder peso, en la era del streaming.

La dimensión emocional también fue parte del mensaje. Sanz habló de agradecimiento, recordó al joven que soñaba con vivir de la música y reivindicó el valor de estar presente, de escuchar y de cantar sin prisa en un tiempo dominado por la sobreestimulación. Ese discurso conecta con algo más profundo que la nostalgia: explica por qué artistas de varias generaciones siguen llenando estadios. No se trata solo de vender entradas; se trata de ofrecer una experiencia compartida que resista el paso de los años. Y en Madrid, su ciudad, Alejandro Sanz volvió a demostrar que su catálogo no funciona como un recuerdo: funciona como patrimonio vivo.

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