Exinvestigador de OpenAI y Anthropic alerta sobre posible espionaje chino
Imagen: infobae estados unidos
Un exinvestigador de OpenAI y Anthropic aseguró que existe una alta probabilidad de infiltración de espías chinos en ambas compañías de inteligencia artificial. Jacob Coxon dijo en un pódcast que el tema circula entre empleados, incluso como broma, pero advirtió que no deja de ser serio.
La sospecha de espionaje chino dentro de dos de las empresas más vigiladas del sector de inteligencia artificial ya no circula solo en pasillos y conversaciones internas: un exinvestigador de OpenAI y Anthropic dijo que está “90% seguro” de que Beijing tiene agentes infiltrados en ambas compañías. La afirmación, revelada por Infobae Estados Unidos a partir de una entrevista en el pódcast PBD, pone sobre la mesa una inquietud que venía creciendo en Silicon Valley: la IA no solo compite por talento y mercado, también se ha convertido en un frente de disputa geopolítica.
El protagonista de esta denuncia es Jacob Coxon, quien trabajó en investigación vinculada a dos de las firmas más influyentes del ecosistema de IA. Según contó en el programa, el asunto forma parte de la conversación entre empleados y, aunque a veces se menciona en tono de broma, para él se trata de una amenaza real. Su planteamiento no vino acompañado de pruebas públicas concretas en esta aparición, pero sí dejó clara una idea que en este sector cada vez pesa más: quien controle modelos, datos y capacidades técnicas, controla también una porción importante del poder económico y estratégico del futuro.
El comentario de Coxon cobra relevancia porque OpenAI y Anthropic están en el centro de la carrera global por desarrollar sistemas de IA cada vez más potentes, mientras Estados Unidos y China compiten por liderazgo tecnológico, militar y comercial. En ese contexto, la posibilidad de espionaje no suena descabellada para muchos analistas: estas empresas concentran propiedad intelectual altamente sensible, personal de élite y conocimiento que vale miles de millones. Si la acusación se sostiene, el impacto no sería solo reputacional; podría endurecer aún más los controles internos, acelerar vetos sobre contrataciones y reforzar la idea de que la IA ya es un terreno de seguridad nacional, no solo de innovación privada.
Para el público en Estados Unidos, esta discusión importa por una razón sencilla: lo que hoy parece una sospecha en empresas de punta puede terminar traducido en más restricciones, más vigilancia corporativa y más tensión entre Washington y Beijing. En una industria que se mueve tan rápido como la inteligencia artificial, la desconfianza puede convertirse en política de facto, y el costo final suele recaer en el ritmo de innovación, en el acceso a herramientas y en la batalla por quién marca las reglas del próximo salto tecnológico.



