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China sigue rezagada en chips avanzados, pero las sanciones de EE.UU. pueden acelerar su salto

Hace 2 horas

China sigue lejos de dominar la fabricación de chips más avanzados: un ejecutivo vinculado a la cadena de suministro de ASML estima que Beijing va al menos 15 años atrás. Pero las restricciones de Washington, lejos de frenarla por completo, podrían acelerar su propia innovación.

China todavía enfrenta una brecha de alrededor de 15 años frente a los líderes mundiales en la tecnología necesaria para fabricar chips de última generación, según la evaluación de Frank Rohmund, un empresario ligado a la cadena de suministro de ASML, la firma neerlandesa que controla una pieza decisiva del negocio global de litografía. La lectura es contundente: el país asiático ha avanzado, sí, pero sigue lejos de dominar el tipo de maquinaria y precisión que permite producir semiconductores de vanguardia, el corazón de la inteligencia artificial, los centros de datos, la defensa y buena parte de la industria electrónica moderna.

De acuerdo con lo planteado por Rohmund, la disputa tecnológica entre Estados Unidos y China no se explica solo por la capacidad industrial de Beijing, sino por el cerco regulatorio que Washington ha levantado sobre la exportación de equipos clave para fabricar chips. Las restricciones apuntan, sobre todo, a la maquinaria de litografía, una tecnología indispensable para grabar circuitos cada vez más pequeños sobre obleas de silicio. En ese terreno, ASML ocupa un lugar central, porque sus equipos de litografía ultravioleta extrema son considerados irreemplazables para los chips más avanzados. Precisamente por eso, cualquier limitación a su venta golpea de lleno la ambición china de reducir su dependencia tecnológica.

Pero la ecuación no es tan simple como un freno unilateral. El propio Rohmund advierte que las sanciones estadounidenses también pueden tener un efecto secundario: empujar a China a innovar más rápido de lo previsto. Esa reacción ya se ha visto en otros sectores estratégicos, donde las restricciones externas suelen actuar como incentivo para acelerar la sustitución de importaciones, multiplicar inversión pública y apretar el paso en investigación y desarrollo. En el caso de los semiconductores, esa carrera importa porque define quién controla el suministro de la tecnología que sostiene desde los teléfonos hasta las armas de precisión. Si Beijing logra cerrar parcialmente esa brecha, el equilibrio global de poder tecnológico podría cambiar más rápido de lo que Washington quisiera admitir.

El trasfondo es claro: la batalla por los chips ya no es un asunto técnico, sino geopolítico. Estados Unidos intenta preservar su ventaja y la de sus aliados controlando los cuellos de botella de la producción avanzada, mientras China busca construir una industria propia capaz de resistir sanciones y competir en la próxima generación de hardware. Para el ciudadano común, esto puede traducirse en cadenas de suministro más tensas, productos más caros y una fragmentación mayor del mercado global de tecnología. Lo que hoy parece una disputa entre gobiernos y fabricantes, en realidad define quién tendrá el control de la infraestructura digital del futuro.

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