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Informe denuncia esclavitud de 12.000 norcoreanos en fábrica rusa de drones

Hace 6 horas

Un informe de CSIS y el Instituto George W. Bush denunció que unos 12.000 norcoreanos estarían trabajando en condiciones de esclavitud en el complejo ruso de Alabuga. La planta, clave para la producción de drones usados por Moscú en la guerra contra Ucrania, se ha convertido en un símbolo de la guerra industrial del Kremlin.

Un nuevo informe volvió a poner bajo la lupa el complejo industrial de Alabuga, en Rusia, al señalar que allí estarían trabajando unos 12.000 norcoreanos en condiciones que los investigadores describen como cercanas a la esclavitud. El documento, elaborado por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y el Instituto George W. Bush, conecta esa explotación laboral con la fabricación de drones que Moscú utiliza en su ofensiva contra Ucrania desde 2022.

Según el estudio citado por infobae mundo, la planta se ha convertido en una pieza central de la maquinaria bélica rusa, no solo por su papel en la producción de aparatos no tripulados, sino también por el esquema laboral que permitiría sostener esa fabricación a gran escala. La denuncia apunta a un sistema de abuso que, de confirmarse plenamente, evidenciaría hasta qué punto el Kremlin está recurriendo a mano de obra extranjera sometida a severas restricciones para mantener el ritmo industrial de la guerra.

El caso importa por varias razones. Primero, porque muestra que la guerra en Ucrania ya no se libra únicamente en el frente militar, sino también en la cadena de producción detrás del armamento. Segundo, porque expone la profundidad de la cooperación entre Rusia y Corea del Norte en medio del aislamiento internacional de ambos regímenes. Y tercero, porque abre preguntas sobre la capacidad de las sanciones occidentales para frenar una economía de guerra que sigue encontrando formas de abastecerse, ya sea de insumos, tecnología o trabajo humano en condiciones extremas.

Alabuga ha sido mencionada en otras investigaciones por su vínculo con la fabricación de drones, una industria que ganó peso estratégico para Rusia a medida que la guerra se prolongó y los ataques con vehículos no tripulados se volvieron una constante sobre territorio ucraniano. Si las cifras del informe son correctas, el hallazgo no solo revela una grave violación de derechos humanos, sino también una dimensión menos visible del conflicto: la de un aparato productivo que, para sostenerse, parece depender de explotación laboral transnacional y de redes opacas que burlan el escrutinio internacional.

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